15 septiembre, 2017

10 TIPS PARA INICIAR A LOS PEQUES EN TECNOLOGÍA DIGITAL

A estas alturas, no me aclaro en eso de si los críos de hoy son nativos digitales, o es una hornada que está por llegar. Ni yo, ni los expertos. Hay una interesante trapisonda al respecto, y yo no estoy aquí para resolverlo, así que no lo esperéis.

Ya sabéis que soy un fan endemoniado de las nuevas tecnologías. Y digo fan porque no soy, ni mucho menos, un experto. El otro día, un amigo cuya primera paternidad es inminente, me asaltó con una duda. Las nuevas tecnologías, ¿deben tener una presencia importante en su crecimiento?

Para mí, la respuesta está más que clara. ¿Las nuevas tecnologías forman parte de la sociedad? Pues sí, claro que sí. Mantener al niño alejado de las nuevas tecnologías es mantenerlo alejado de la sociedad. Aun así, no hay que tomarse esto a la tremenda y darle un iPhone X al niño después de su primer biberón. Nuestro futuro está lleno de tecnología, hasta el punto de que esto ya no será un debate: será lo que hay. La duda la tenemos hoy, y viene de parte de los que se criaron jugando con GIJoes, juegos de mesa o Mi Pequeño Pony.

Así tuve la idea de hacer este post, hecho con la potestad del profano y con la del que no se corta en preguntar a sus amigos profesores y psicopedagogos echando unas cañas (y evitando los navajazos que intentaban propinarse los unos a los otros).

  1. Olvídate de los ordenadores de juguete. Esos ordenadores de plastiquete de colores y pantalla monocromo no son una buena forma de introducir nada. Puede que resulte divertido o mono hacer de papá y mamá con su portátil. Sacarle fotos al bebé para el Instagram y eso. Pero si en algún punto estos juguetes resultan educativos, no lo son en el ámbito digital. Si crees que tu hijo no es capaz de desenvolverse intuitivamente en un sistema operativo básico como un Android táctil, haciendo operaciones simples, seguramente lo que más le conviene es seguir jugando con los juguetes clásicos de toda la vida, hasta que tenga una edad más adecuada.

  2. No des a tu hijo la tablet o el móvil cuando se pone impertinente. Cada vez es más común. A nosotros nos ponían delante de la tele, y a los niños de ahora se les pone un vídeo de algún youtuber histriónico. La diferencia principal radica en la inmediatez. Si te ponías tonto en el supermercado, tu madre no tiraba de AuronPlay, sino la mano para atrás y te soltaba un guantazo que era mejor para calmarte que toda la programación de la televisión nacional.

  3. Empieza con videojuegos. Intenta no meterle un Dark Souls o un GTA al crío para empezar, si no te importa. Juegos facilones táctiles, o incluso algún plataformero simple que se juegue con Pad. Mucha gente recomienda Minecraft cuando el chavalín ya empieza a entender que él tiene el control de un personaje irreal o un entorno, porque los gráficos son poco realistas y hay cierta libertad. Los videojuegos son una base muy importante. Además de ser el reflejo de lo avanzado que está el software y sus posibilidades, permiten al niño que el día de mañana continúe progresando en ese mundo. Así, optimizando su ordenador para obtener rendimiento o simplemente comparando las cualidades técnicas de las consolas del mercado, aprenderá lo que es la memoria RAM, el espacio en disco, qué es un giga o una tarjeta gráfica. Si te fijas, las personas que nunca han jugado a videojuegos, que nunca han tenido que luchar para que uno les funcione en un soporte informático, encuentran muchos problemas para entender estos conceptos.

  4. Analiza el entorno social del niño. A menos que seas Macaulay Culkin, el entorno social de un niño es poco más que el colegio, su familia y sus vecinos. Cuando todos los niños empiecen a hablar sobre videojuegos o uno de ellos tenga móvil, tendrás que empezar a tomar decisiones. Cuando se forma una comunidad sobre uno de estos eventos digitales, si el niño no quiere ser excluido del grupo (y en condiciones normales, no querrá), pedirá tener acceso a los mismos eventos. Negárselos puede no ser el modo más inteligente de afrontarlo. Transigir controladamente es una clave: tendrás tecnología, pero la que yo diga. Sólo hay que poner en valor lo que tú le ofreces, para que no sienta que le das un sucedáneo (y procura no hacerlo). En un ejemplo tontainer, piensa en el momento en el que llegaron las calculadoras. Todos los niños ahí, calculando como locos. Pasando las tardes haciendo divertidas integrales. Entonces tú le pides a tu padre una, y te da un ábaco. Estas bolitas pegadas al palo son más fiables que esos cacharros chinos, te dice. Antes que llevar tu mamotreto de madera al lugar donde están los demás niños calculando, prefieres defenestrarte.

  5. El ordenador familiar. Antes de un móvil o una tablet, el niño debería tener acceso a un ordenador familiar. ¿Y qué es eso? Pues un entorno informático seguro. Es como un campo de entrenamiento de marines, donde usan balas de goma y el sargento evalúa cada paso que dan. Cápalo, ponlo en un lugar donde se vea la pantalla y lo que el niño hace, y sin puertas. Ver un par de vídeos, entrar en la Wikipedia, jugar a algún videojuego o usar algún software. Más adelante, cuando empiece a exigir intimidad, valora si es el momento de que adquiera otro dispositivo como un portátil o una tablet.

  6. El primer móvil. Hay edades recomendadas para el uso de un móvil, cierto. También hay infinidad de programas y consejos educativos de cómo usarlos antes de esa edad. Para edades tempranas, previas a la pubertad, el término medio podría ser un móvil sin cámara, y con funciones restringidas. No por ello te digo que le pongas Nokia 3310, modelo ladrillo. Puedes deshabilitar la cámara de algún smartphone baratuelo mediante ajustes del software o una serie precisa de martillazos. Esto es muy importante, porque el niño todavía no ha entendido la importancia de la reputación digital.

  7. La reputación digital. Asegúrate de que comprende que internet está lleno de identidades falsas. De hecho, no estaría de más crear alguna cuenta y trollear en algún foro de infraseres. Hacer un poco el cabra con una identidad falsa le puede dar una idea clara de las mentiras que se cuecen en la red. Enséñale que uno no puede exponerse a la buena de Dios, porque le pueden caer palos. Para los nativos digitales, la frontera entre su reputación digital y su reputación física es muy fina, así que hay que enseñarle que no exponerse demasiado es la clave de la supervivencia aquí. Después de comprender cómo funciona este mundo de postureo y mentiras, estará preparado para tener un móvil a pleno rendimiento. Y si ha conseguido desbloquear todas las cosas que le bloqueaste en el móvil anterior, enhorabuena: está en el buen camino.

  8. Vigila su feedback digital. Cuando un joven crea un meme o mete un hashtag, como cuando lo haces tú, busca compartir sus opiniones y sus vivencias con la comunidad online. Busca su aprobación, causar cierto impacto en forma de “Me gusta”, “Seguidores” o “Retweets”. Busca comentarios. Vigilar no significa hacerte una identidad falsa y leer los 200 comentarios que le dejen, o revisar a todos sus “Seguidores”. Naturalízalo. Tú le sigues, y que lo sepa. Si no eres un padre guay (eso lo sabrás por los síntomas de vergüenza ajena que generes en el crío), no le obligues a que te siga o le comentes nada. No se te ocurra defenderlo en la red, respondiendo a un troll. Eso aumenta las dosis de vergüenza ajena. Mejor coméntalo en casa, hablando con él. Ridiculizando al troll y echándote unas risas de lo gordo y feo que seguro que es. Pregúntale si ha tenido comentarios positivos y cómo los valora. Si sólo tiene negativos, ayúdale a identificar cómo podría mejorar.

  9. Controlar la adicción. Si tú mismo eres un adicto al móvil, no le digas a tu hijo que suelte el teléfono. Queda feo, por muy crack que creas que eres. Establecer zonas sin móvil, dentro de un espacio o un tiempo, es sin duda lo mejor. Para él y para ti. Probablemente el colegio en el que esté tenga sus propias políticas con respecto a los móviles. Si es necesario, hazle ver que el colegio es una de esas zonas. La comida o la noche puede ser otra zona. Y ni qué decir tiene cuando va a estudiar. Es importante que entienda que estar siempre conectado es un método de control. Te transformas en un esclavo. Decidir cuándo estás disponible es un privilegio que pocos son capaces de alcanzar hoy en día. Enséñale lo bien que sienta.

  10. Su responsabilidad. Una forma muy evidente, pero poco prolífica de conseguir que tu hijo tenga el control del móvil, es que él corra con los gastos. Todos los adultos sabemos que la cartera es la medida de nuestra moral. No hacemos cosas que no podemos pagar. Ahora bien, controla de dónde viene el dinero. Si lo consigue de manera muy fácil, como una paga semanal por simplemente ser tu hijo, la cosa cambia. A lo mejor suena muy socialista, ¿sabes? Pero debe entender que las cosas que quieres cuesta conseguirlas (aunque tú te asegures de que tenga una red bajo sus pies).

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