5 CONCEPTOS QUE EL CAMBIO CLIMÁTICO METERÁ EN TU VOCABULARIO

A pesar de ser una palabra que nos suena extraña en el oído, “almóndigas” es una forma válida según el DRAE desde hace siglos. Otras, sin embargo, son de más reciente adquisición y actúan en virtud de los tiempos que corren. Palabros como “cederrón” o “friki” ya están incorporados, para guasa de twiteros e inconformidad de puristas del castellano.

En este punto cabe recordar que la lengua no es prescriptiva, sino descriptiva. Si tratara de formular cómo debemos decir las cosas, moriría. Sería una lengua muerta, como el Latín o el Klingon. Las personas evolucionan, y su lengua lo hace con ellas. Así que el deber de la RAE, por mucho que duela a veces, es sacar del diccionario palabras que están en desuso, tal vez excelentes cultismos en su momento, en pos de ciertas aberraciones anglosajoides o deformaciones provenientes del mundo tecnológico.

Hoy os traigo un post ligerito, con 5 conceptos que nos ha metido en el vocabulario diario la amenaza del cambio climático, más por una cuestión de supervivencia que de uso intensivo. Y digo supervivencia porque ignorarlas es, hoy por hoy, como una sentencia de muerte.

Para los fieles lectores del Goodbye, Mr.Burns, será una forma de recordar que un día estos términos no tenían el sentido que ahora tienen. Para los profanos, tal vez resulte ser una explicación fácil de entender (espero) a lo que no paramos de oír y leer en los medios, sobre todo ahora que llega el verano.

1. RESILIENCIA

Digamos que esta pequeña palabra-trabalenguas es la más desconocida del panteón, pero es una de las más importantes y poco a poco la iremos oyendo más. Ya existía como entrada en el DRAE como un término psicológico significando, más o menos, la capacidad de superación de una persona a una experiencia traumática. Algo así como el proceso de recuperar la cabeza cuando sucede algo que hace que la pierdas.

La adaptación de este término al ámbito del cambio climático es un drama de proporciones titánicas. Porque la cuestión es que se ha convertido en una rama no de psicología, sino de antropología, en forma de “preparación para el colapso” que vamos a sufrir como especie. Así pues, esta resiliencia socioecológica trata, desde ya, de encontrar formas de comprender lo que se nos viene encima para transformar los efectos adversos del cambio climático en factores de superación.

Yeah! Ya estamos estudiando cómo superar el marronazo en el que vamos a meternos en unos años, por si las medidas de prevención y lucha contra el cambio climático fallan (que todo hace indicar que lo harán, ¿verdad Trumpy?).

2. HUMANIZACIÓN

Se trata de la acción de humanizar, es decir, de dar propiedades humanas algo que no lo es. Como cuando decimos Antonio, creo que al perro le gusta el Pasapalabra porque mira la tele mientras el programa está en emisión. También se puede usar para describir la acción de hacer a alguien más bondadoso, por ejemplo. Sin embargo, el término está adquiriendo una nueva dimensión en el campo del medio ambiente y el cambio climático, que es capaz de disparar nuestros instintos misantrópicos más abyectos.

El término vuelve a prestarse del inglés para esta terrible acepción, y su definición puede entenderse como una acción del ser humano sobre el terreno natural. Pero en realidad viene a significar, en otras palabras, la destrucción de la naturaleza. La conversión de lo natural en algo artificial válido para el humano y nada más.

Cuando el vejete de turno te cuenta que esa urbanización de edificios altos y grises era en sus tiempos un precioso bosque, te está hablando de humanización. Cuando se construyen diques sobre el mar y se agrede al litoral, cuando se desvía el cauce de un río y se deseca su antiguo entorno o cuando se extermina a una especie animal por la destrucción de su hábitat para hacerlo más civilizado, se habla de humanización. Cuando se describen los efectos del cambio climático, encontramos a esta humanización como uno de los principales protagonistas.

Obsérvese la curiosa pero notoria deriva del término: “humanizar” implicaba una transformación hacia una forma más amable, más sensible. Ahora añade una connotación que implica destrucción.

3. SOSTENIBILIDAD Y DESARROLLO SOSTENIBLE

La gran palabra que hay que decir despacito de este inicio de siglo es sostenibilidad, como lo fue solidaridad a finales del siglo pasado.

El término fuente es sustainability, y en los países de la América Latina se traduce tal vez más fielmente por “sustentabilidad”. Si me pongo tiquis miquis, prefiero el término castellano por cuestiones de ajuste semántico milimétrico. El término incluyó la acepción que hace referencia al medio ambiente hace poco tiempo, creo recordar que en 2010, y ya veis que en menos de 10 años la estamos manejando con soltura. Mucho más que “cederrón”.

Recordemos que sostenibilidad habla sobre la explotación de un recurso natural sin dañar el medio ambiente de forma grave o irreversible, pero también del aspecto social. Al fin y al cabo, los humanos somos también un recurso para la economía. Pero, ¿cómo saber si una actividad es o no sostenible?

En realidad, a veces resulta muy evidente. Si quiero construirme una balsa y talo algunos árboles, bien. Si quiero construir la Armada Inser… Invencible y deforesto media Cantabria, mal. Sin embargo, a veces las fronteras sobre lo que es o no sostenible se difuminan.

La ONU, por ejemplo, que no es un organismo que esté ahí para andar dudando, establece en 17 los objetivos a cumplir para que el desarrollo de un país sea considerado sostenible. Luego evalúa quién los cumple y quién no, como si fueran trofeos de la Playstation, y quien no es señalado por todos y dado por loser.

Creo que es muy interesante que os los cite aquí, y luego me decís si creéis que vuestro país tiene o no un buen desarrollo sostenible:

  1. Que no haya altos índices de pobreza

  2. Que no haya altos índices de hambre

  3. Que se goce de buena salud y bienestar

  4. Que la educación tenga calidad

  5. Que haya igualdad de género

  6. Que haya agua limpia disponible

  7. Que nadie sufra pobreza energética y haya energía limpia

  8. Que haya crecimiento económico

  9. Que el país desarrolle industria, innovación e infraestructuras propias y de calidad

  10. Que se reduzcan las desigualdades sociales

  11. Que haya ciudades y comunidades sostenibles

  12. Que haya un consumo y una producción responsable de los bienes

  13. Que haya un esfuerzo en la investigación de soluciones contra el cambio climático

  14. Que el fondo marino y su ecosistema goce de buena salud

  15. Que la vida terrestre y su ecosistema goce de buena salud

  16. Que haya un estado de paz basado en la justicia y en instituciones fuertes

  17. Que haya colaboración entre entidades para perseguir los objetivos.

En primicia, os cuento que en el último informe España catea en 8, 9, 11, 12, 13,14, 15. Cuando empezamos a buscar ya lo que es un poquito de calidad después de superar lo básico, vaya.

4. HUELLA ECOLÓGICA

En el ámbito medioambiental, suele omitirse de la sentencia “ecológica”, así que sólo nos queda “huella”. Aunque es muy fácil saber de qué estamos hablando, vamos a ajustar un poco el tiro para no fallar, con un ejemplo un tanto falto de imaginación:

Vamos andando por un camino embarrado en mitad del bosque, tropezando con algunas ramas y haciéndolas caer. Nuestro paso provoca huellas en la tierra, claro. Ahí vemos las líneas de nuestro 42 formando marcas triangulares. En unos días, cuando llueva, la huella se borrará y las ramas volverán a crecer por donde las arrancamos. Será como si por allí no hubiera pasado nadie. Si por el contrario pisamos cemento fresco de una obra en la calle, la huella va a quedarse allí durante innumerables días, tal vez para siempre.

La huella ecológica mide el impacto de nuestras actividades en la naturaleza, relacionándolas con la biocapacidad del planeta para regenerarlas (huella en barro, regenera bien. Huella en cemento, regenera mal). Esto quiere decir que es un indicador de cosas malas que estamos haciendo; una forma de evaluar, tanto individual como colectivamente, si lo que estamos haciendo en nuestro día a día está maltratando el planeta y de qué manera. Porque de nada nos sirve ser unos comprometidos activistas ecológicos o quejarnos por el cambio climático si nuestra huella no para de incrementarse.

¿Cuál crees tú que es la actividad humana que crea la huella más profunda?

Tres, dos, uno . . . sí. La combustión de fósiles. La gasolina, el petróleo, el carbón, provoca un número tan grande de emisiones que podría decirse que el planeta es incapaz de recuperarse. Más que nada porque los organismos encargados de limpiar la atmósfera de CO2, los árboles, son los principales afectados en las dos actividades siguientes en cuanto a profundidad de huella: la agricultura, y la obtención de papel y madera.

5. ECONOMÍA CIRCULAR

Éste es un término feo de narices. La verdad es que todo lo que empieza por economía suena a tremendo tostón para las masas, en las que yo mismo me incluyo. Pero lo cierto es que encierra uno de los movimientos ecologistas que suponen el reto más grande, creativo y ambicioso de cuantos existen. Podríamos decir que es la “física cuántica” de la disciplina. Un campo sobre el que arar y descubrir un sinfín de posibilidades. Todo un mundo por descubrir.

Normalmente, encontrarás a un buen número de expertos hablando de Economía Circular como francos eruditos en el tema, enarbolando opiniones no sin cierta soberbia. Yo me los he encontrado, incluso en algunas convenciones dedicadas al tema. Pero yo os digo que es imposible que nadie domine esta cuestión, porque aún es un campo en que está en pañales.

Y que está tardando en crecer.

Si incluyo este apartado hoy es para deciros que Economía Circular no es reciclaje. Si yo me bebo una cocacola, tiro la botella en el contenedor amarillo, el contenedor amarillo va a una planta de reciclaje y ahí se convierte en una funda para el móvil, estoy reciclando. Si yo me bebo un batido en un vaso desechable fabricado con semillas compactadas, y cuando termine lo planto en un terruño seguro de que va a degradarse en poco tiempo, estoy propiciando la Economía Circular.

¿Veis la diferencia?

La Economía Circular implica un rediseño de los materiales (y los procesos de fabricación en un estadio superior) que usamos de todo cuanto nos rodea para que sea susceptible de biodegradarse. No hay que reciclar nada, porque aquí se elimina el concepto de residuo y se abraza el de desecho. Por eso supone un desafío tan grande y tan profundo, un campo tan amplio en el que investigar y unos muros tan altos que derribar, que muchos consideran esta doctrina como una utopía.

Una utopía que puede salvarnos el culo, eso sí.

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