31 agosto, 2017

5 RAZONES DE POR QUÉ ‘SIN AZÚCAR’ NO SIGNIFICA ‘SANO’

Parece que la guerra contra el azúcar es la nueva batalla de la industria alimenticia. Se supone que el europeo medio conoció esta sustancia hacia el siglo XII, y a partir de entonces fue más feliz. Poco a poco, el azúcar fue incorporándose a la dieta. Primero en los paladares y bolsillos más exclusivos, y más tarde (mucho más tarde) entre los más humildes.

Fue a partir del siglo XIX cuando empezó a pensarse en el consumo de azúcar como causante de ciertas enfermedades como la diabetes, y a partir de la segunda década del siglo XX cuando se empezó a utilizar la insulina. Así que después del susto inicial, Europa (y ahora América) pudo seguir siendo feliz con un pinchacito de nada.

Hoy en día, el azúcar está presente en una enorme cantidad de alimentos. En EEUU, se calcula que el 74% de los productos que se venden en su mercado de alimentos contiene azúcar. Incluso productos que tal vez no deberían tenerlo, como las aceitunas o la sopa de sobre, tienen una buena cantidad.

Como movimiento reactivo a todo esto, tenemos a un grupo de valientes que deciden salir a correr cada día, hacer unas dominadas en el gym y pasarse a los edulcorantes industriales. Es la mejor forma de seguir siendo feliz y cuidar la salud. ¿Verdad?

Aquí van los 5 edulcorantes artificiales más comunes en los productos de envoltorio verde y mensaje publicitario saludable. En sí, son 5 razones por las que no consumirlos.

  1. Sacarina. Popularísimo entre nuestros abueletes para endulzar el café o la manzanilla de la tarde, proviene del alquitrán de forma histórica. Hoy en día se obtiene mediante la manipulación química de ciertos derivados del petróleo. La sacarina no se metaboliza. Pasa por nuestro organismo y se elimina tal y como entró. Como si te comieras un trozo de bolsa de plástico o una tuerca: sale como entró. Ha estado prohibido en ciertos países, aunque su uso se ha normalizado porque se ha concluido que en dosis pequeñas no parece haber riesgo grave para la salud, como el cáncer.

  2. Ciclamato. Con este nombre que parece anunciar un vehículo híbrido de principios del siglo XIX, se presenta el siguiente compuesto derivado del sodio y el ácido ciclámico, un ácido sulfuroso (azufre). El Ciclamato es asimilado por el organismo en ciertas sustancias cancerígenas aunque, nuevamente, si no se sobrepasan ciertas cantidades de ingesta diaria no parece ocasionar demasiados problemas a los seres humanos adultos. Está prohibido en varios países, aunque en España su uso está de moda porque lo contiene la Coca-Cola Zero. Su principal problema es que nuestro cuerpo lo puede metabolizar en forma de una sustancia cancerígena.

  3. Aspartamo. Derivan de la fenilalanina y el ácido aspártico. La fenilalanina es un aminoácido presente en varios alimentos ricos en proteínas, pero que adquiere este sabor dulzoide al añadirse el ácido. Su consumo está vinculado a problemas relacionados con el sistema nerviosos y la actividad psicológica, y suele advertirse en las etiquetas de los productos (contiene una fuente de fenilalanina). Estos vínculos son continuamente desmentidos por diversos informes, volviendo a decir que su consumo moderado no causa problemas graves, como el cáncer.

  4. Acelsufame K. Se obtiene de la reacción entre el potasio y el ácido acetoacético (del que se obtiene la acetona). Tampoco se metaboliza y se expulsa por la orina. Aun así, ciertos estudios lo vinculan con problemas graves de tiroides y cáncer. Como otros, puede decirse que nuestro cuerpo lo identifica de igual forma que un grano de arena ingerido con el bocadillo durante un día de playa con viento. Éste lo lleva la Coca Cola Light (entre muchos otros), y es lo que a grandes rasgos lo diferencia de la Zero.

  5. Sucralosa. Es el edulcorante artificial de moda, porque nos parece el más natural. No en vano, se sintentiza a partir del propio azúcar, rebajando el potencial calórico de ésta. Sin embargo, vuelve no metabolizarse en nuestro organismo (vale, una pequeña parte sí), y nuestro intestino será testigo de ello. No en vano, esta sustancia suele provocarnos molestias gastrointestinales leves como diarreas, náuseas y mareos. Lo cierto es que muchos laboratorios están analizando la sucralosa, el más joven de todos, en busca de efectos adversos. Por ahora, su uso se está extendiendo cada vez más

Una pequeña reflexión final.

Todas las recomendaciones aluden a lo mismo: una ingesta no superior a 40mg por kilo de peso de la persona que lo consume no resulta perjudicial. Y yo digo: gracias. Iré con la calculadora para ir haciendo intregrales (oh, qué bien traído) básicas mientras hago la compra. ¿Hago malabares entonces con el precio de los productos, con sus calorías, con su contenido en fibra y con los miligramos presentes en mi ración de productos sugar free? Yo creo que ni Sheldon Cooper es capaz de algo así.

No quiero pecar de petulante, pero al aplicar la lógica se resuelven un montón de conflictos sobre la controversia de los edulcorantes alimenticios y otros productos artificiales. Mi cuerpo es un organismo natural, y meterme algo sintético en cantidades considerables (según tus hábitos sugar free) por aquello de no renunciar al dulzor parece un poco absurder. Esperar a descubrir si me sale un cáncer por ello no tiene sentido.

Una amiga, diabética, se ha quedado embarazada. Hasta cuatro médicos le han dicho que no sustituya el azúcar por estos edulcorantes artificiales mientras dura el embarazo, por posibles problemas en el feto.

Blanco y en botella.

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