Abu Dhabi Sustainability Week 2017

Entre las personas con recursos de la época, era más o menos común que al menos una vez en la vida iniciaran una peregrinación con destino al templo de Apolo, en el Monte Parnaso. Allí, la pitonisa les decía su oráculo, su destino.

Las sentencias de la pitonisa eran asumidas con gran respeto, y su fe en lo que predecía era férrea. Solía decirse que jamás se equivocaba, y que si lo hacía, probablemente era a causa de una mala interpretación de sus siempre ambiguas palabras por parte de quien la consultaba.

Es cierto que esta imagen mítica del Oráculo de Delfos forma parte de un tiempo pasado, pero acudo a ella para retar a las fuerzas divinas. Porque ni la más poderosa sibila, ni el mismísimo Apolo Pitio hubieran sido capaces de predecir que estas semanas acabara con mis huesos es Abu Dhabi.

Mi sorpresa fue tremenda cuando descubrí que iba a celebrarse el Abu Dhabi Sustainability Week justo durante mi visita, así que no perdí un segundo en procurarme unas entradas para asistir. Era un evento de muy alto nivel, como casi todo lo que pasa en esta ciudad, pensado para transformar municipios enteros o como apoyo para empresas grandes. Para mí, que me sentía como un extranjero en Brobdingnag, resultaba interesante de cara a conocer los nuevos productos que se están desarrollando en esta materia, y qué deriva o protagonismo toma la innovación social en brazos de los grandes.

El evento se desarrolló en el Abu Dhabi Exhibition Center, el ADNEC, la enésima construcción megalómana de la ciudad, con ese característico edifico inclinado en forma de joystick. Las diferentes áreas del edificio se dividieron en lo que, podría decirse, son los 6 grandes pilares de la sostenibilidad:

  • Energía y combustibles fósiles
  • Agua, situación actual del recurso, su gestión y su tratamiento
  • Basura y la gestión de residuos
  • Eficiencia energética
  • Solar expo, o sala dedicada casi en exclusiva a esta forma de energía renovable
  • Métodos y propuestas para un nuevo transporte sostenible

Los salones se organizaban luego en los clásicos stands, solo que a nivel Abu Dahbi. Nada de 2 metros cuadrados y una promotora repartiendo panfletos. Para que os hagáis una idea, en el puesto de Masdar, la empresa pública del Emirato de Abu Dabhi que se encarga de la innovación sostenible, se podía jugar un partido de baloncesto.

Con todo, los países más importantes eran, obviamente los Emiratos Árabes, y Arabia Saudí y la India. Estos dos últimos eran los países estrella invitados, así que en sus puestos había un montón de movimiento y todo estaba muy pensado para llamar la atención hacia ellos. Vi también por allí a los asiáticos, con Japón y Corea del Sur, y de la vieja Europa pude ver representaciones de Francia, UK, Alemania Italia y la UE. De España no había representación como país, algo que he de admitir que esperaba, pero que no pudo evitar que sintiera una conmoción en la Fuerza. Y por qué no decirlo, un discreto ataque de vergüenza. Había empresas españolas, eso sí, aunque menos que dedos tengo en una mano. La más importante era sin duda Acciona. Y detengo aquí mis comentarios.

Soy muy consciente de que este evento, celebrado en un lugar como Abu Dhabi, puede ser considerado un acto de cinismo. Aquí se usa el coche para todo, coches que ni siquiera pasarían la ITV porque contaminan el triple que cualquier vehículo que cumpla la normativa de la UE. El transporte público es deficitario siendo benévolos, y la gestión de residuos es más o menos inexistente. Aunque hay unos pocos contenedores clasificados por colores, suelen estar en las zonas turísticas o en los barrios más nuevos, como si tuvieran que cumplir con el qué dirán.

Es un país de nuevos ricos, lleno de excentricidades. Hasta ahora siempre lo situaba en la mente por sus grandes, extrañas y megalómanas construcciones, como la conocidísima pista de esquí en mitad del desierto. Pero en un lugar en el que el dinero fluye como aquí, a nivel pie de calle, la cosa también es obscena. La gente se gasta la pasta en postureo y barbaridades, como un permiso para circular con matrículas customizadas porque llevar números ordinarios es de pobres. Si se invirtiera como debe ser, podría ser un país 100% sostenible. A golpe de vista, sin hablar desde el conocimiento estrictamente científico, me da la impresión de que sumando pasta a mansalva con su buena localización, Abu Dhabi podría ser un país con energía 100% renovable. Para un país que tiene casi el 10% de las reservas de petróleo del mundo y casi el 5% de gas natural, sería casi como el camello que vende coca en la esquina pero que no la consume.

Masdar City era una de las apuestas fuertes de la convención, una ciudad futurista que decidí no mencionar en el anterior post para describírosla aquí. Se trata unas 500 villas con granja urbana, casas con paneles solares, sistemas de ahorro de agua, arquitectura destinada a aprovechar las corrientes de aire para mantener la ciudad fresca, reciclaje de aguas grises. No hay carreteras para coches. El transporte se completa en pequeños coches eléctricos individuales capaces de recorrer la ciudad en menos de 10 minutos, trenes eléctricos que conectan la ciudad con el exterior, y un sistema automatizado de transporte de mercancías y alimentos. Adiós a los camiones en doble fila o peleándose por entrar en un “Carga y Descarga”.

El diseño de los edificios también es eficiente. Están construidos con materiales bajos en carbono, lo que reduce la demanda energética y de agua al 40%. Toda una maravilla deshabitada por ahora aunque todavía en construcción, que se ha dado en tratar como un experimento. Instituciones como el MIT trabajan en ella, y todo apunta a que vamos a escuchar hablar de ella en un futuro no muy lejano.

Una de las cosas más importantes que he podido ver en la convención fue la presentación de las baterías Mercedes Benz. Podéis ver el anuncio en su web, muy alucinante, con una estética TRON que tira de espaldas. Y ojo, no se trata de baterías para coche, sino baterías de almacenamiento energético para el hogar, como las Baterías Tesla. Esto es muy, muy importante, porque ya le ha salido un competidor de altura al señor Musk, señal de que eso de la autosuficiencia energética no es la locura de un científico divergente ni de la persona que escribe Goodbye, Mr. Burns. Es una realidad y una proposición en firme. Viendo la que está cayendo en España con la subida de la factura de la luz, vuelvo a sentir un ataque de vergüenza. Mucho menos discreto.

Uno de los productos con los que flipé fue el ORCA. Superando el chiste de si es natural de Mordor o de Moria, os diré que es un cacharro espectacular, capaz de transformar los residuos alimenticios en aguas grises que van directamente al alcantarillado municipal. Lo tienes en tu restaurante, colegio u hotel. Tiras la comida dentro, y ya está. No tienes que almacenar la basura hasta que rebose de la papelera, no tienes que usar bolsa, no tienes que sacar la basura o pagar un impuesto por su recogida y transporte. Su modelo más avanzado es capaz de “digerir” hasta 1 tonelada de residuos alimenticios al día. Una serie de microorganismos contenidos en el ORCA y bio chips de plástico reciclado, descomponen la basura rápidamente. Es para flipar. Ya os lo dije.

El waterblade fue otro de mis cacharros preferidos. Ya sabéis, esa concepción que tengo yo de que se empieza por las cosas pequeñas. Se trata de un pequeño dispositivo que mejora el rendimiento y la eficiencia de los perlizadores, transformando el chorro de agua en una capa fina como el papel que distribuye mejor el líquido. El resultado es el menor uso de agua por minuto de un dispositivo. Mientras que nuestro grifo normal gasta entre 10 y 20 litros por minuto (me dan mareos de pensarlo) y los perlizadores sólo cinco, el waterblade baja la cantidad a sólo 2,5 litros por minuto. Una auténtica pasada de chisme, que cuesta poco más de 10 libras.

Y para terminar, os cuento otra de esas pequeñas cosas capaces de cambiarlo todo. Se trata de Sprout, unos lápices sostenibles que pueden plantarse, pues tienen una cápsula soluble de semillas en un extremo. No es que los lápices sean un problema medioambiental grave, pero a nivel cultural se trata de un avance muy importante. Además de ciertas profesiones específicas, los adultos se pasan pronto al bolígrafo. Así que los lápices son utilizados principalmente por niños. Ya sea de carboncillo o de colores, los niños suelen llevar un buen arsenal de ellos en la mochila. Enseñarles que esa herramienta puede plantarse para obtener un vegetal y crear vida es un ejercicio educativo brutal. Es animarles a repensar toda la estructura de las cosas, en la que un objeto se tira a la basura al final de su vida útil. Es añadir el concepto de economía circular desde niños, lo cual es muy importante.

Porque andar convenciendo de esto a las generaciones más viejunas, herméticas a la innovación social y conceptos parecidos, resulta cansino.

Así que ya veis, he tenido una semana movidita. Veamos qué me depara el futuro para la que viene, si mi oráculo me es propicio o resulta tan ambiguo que me lleve al equívoco.

Fotos del evento.

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