Guía definitiva para convencer a tu cuñado sobre el cambio climático (1/2)

Mucho tiempo atrás, más atrás del momento en el que empecé a escribir en Goodbye, Mr. Burns, presencié una de las conversaciones más inquietantes de las que he sido testigo en mi vida. Si bien podéis acusarme de tremendista, os aseguro que fue a la tremenda como me tomé aquello, llevándome a estados de reflexión muy profundos en solitario, e intensos en compañía.

Entraba en un ascensor de El Corte Inglés lleno de personas, cuando una de ellas, que resultó ser el jefe de la sección de Peletería, le decía a una empleada de planta lo siguiente: “De verdad que la gente es tonta. Se cree toda esa campaña en contra del uso de la piel, cuando no entiende que la piel es biodegradable, y lo sintético es plástico que contamina el medio ambiente”.

Semejante ejercicio de cinismo me caló bien hondo. Se te revuelven las tripas cuando entiendes que estaba hablando el jefe de sección de Peletería de El Corte Inglés de Tenerife, donde la temperatura media anual ronda los 20ºC; que los abrigos de piel que compraban las señoras de pasta se guardaban en un almacén de frío que estaba al otro lado de la isla (la alta temperatura estropea la piel) a modo de alquiler, con un servicio de entrega personalizada; que ese almacenamiento y entrega de por sí ya produce una buena cantidad de emisiones; que la industria peletera se carga a cerca de 150 millones de animales al año; que algunos de esos animales pertenecen a especies en peligro de extinción, como el tigre o el koala, y que otras ya han desaparecido (ciertos zorros y visones).

Hay que entender que se trata de un vendedor, y que defiende su producto y su comisión por venta a ultranza. Aquel pequeño discurso en un ascensor lleno de gente no iba encaminado a otra cosa que a plantar la semilla de la duda en sus mentes, y con una falacia allanar terreno a sus ventas.

Pero también es cierto, y no digo que no exista un componente de ello en ese vendedor, que a veces te encuentras con un grupo de personas que por una u otra razón, niega cosas tan evidentes como el cambio climático, o que justifica la compra de fast fashion casi sin pudor. En mi trabajo, me da la impresión de que todos los días tengo que convencer a la gente de que el calentamiento global es algo real. Y aunque no identifico si se trata de trolleo puro y duro o que han condenado a su inteligencia a una de las formas más crueles de ostracismo voluntario, parece mentira, pero esto pasa.

Hoy he decidido compartir con vosotros una parte de esa experiencia. He hecho una especie de recopilación de los argumentos que han esgrimido contra mí los que podríamos denominar escépticos de lo que predico aquí, y la forma en la que yo se los he rebatido. Voy a mantener el tono pseudoborde, seco y duro que empleé con ellos, pero adaptarlo como queráis a vuestro speech si, en contra de lo que me pasa a mí, podéis controlar vuestros nervios.

Por si a alguno de vosotros os sirve.

Q: Yo no suelo comprar ropa barata, pero para los niños sí. Los niños no paran de crecer y necesitan ropa constantemente, así que las tiendas de fast fashion son una solución genial. ¿Dónde si no voy a comprársela? ¿Por internet o a artesanos que te sacan un ojo de la cara? Y no me digas que vaya al mercadillo. A saber quién se ha puesto esa ropa o por qué manos ha pasado como para ponérsela al crío.

A: No te culpo de pensar en tus hijos o los de tu familia antes que en los niños de la India que trabajan esclavizados en las fábricas. Es más, que se mueran, ¿verdad? La cuestión es que, al no tener una producción sostenible y lo más barata posible, las prendas fast fashion acaban manteniendo tóxicos que acaban en nuestro organismo al contacto con la piel. No creo que te alegre mucho comprarle una camisa de Hello Kitty barata a tu hijo, a sabiendas de que lo estás envenenando. Estoy casi seguro de esa ropa es más perjudicial que la que pudo tener su pequeño dueño anterior. No creo que un lavado normal no pueda eliminar el rastro del anterior usuario de unos zapatitos, a menos que fuera, naturalmente, huésped del Virus-T.

En ese pensamiento de intentar no envenenar a tus hijos se basan en países referentes como Alemania, UK o EEUU, donde los mercados, las plataformas (enormes) de compra y venta, y las tiendas especializadas son lo más normal del mundo. En España es una tendencia a la que le queda mucho por desarrollar y a lo mejor te parece una iniciativa de antisistemas o gente rara y amargada. Cosas de la cultura, supongo.

Q: La innovación social no es más que humo. Hay mucha gente que gana dinero, por ejemplo, encabezando la lucha contra el cambio climático y creando neurosis. ¿Por qué si no habría tantas empresas metidas en la lucha contra el cambio climático? ¿Por qué las decisiones que afectan al medio ambiente deben ser tomadas por las empresas?

A: Para empezar, en la pregunta anterior podrías cambiar la palabra “empresas” por Satán, y tendría el mismo sentido. Haz la prueba. Las empresas no son Satán, no son el mal supremo.

Sin embargo, su protagonismo en la escena del cambio climático es brutal. Una parte muy importante de las emisiones procede de las empresas. Además, se trata de un player cuya contribución económica es determinante para atajar este problema mundial. Por ejemplo, la ONU estima que el 60% de la reducción en base a los Acuerdos de París viene del sector privado. Así que las empresas tienen que ser parte de la solución y no dejar de lado su responsabilidad.

Y bueno, si llamas crear neurosis a un hecho reconocido por la inmensa mayoría de las instituciones científicas del mundo, supongo que tendrás datos suficientes, además de tu opinión o tu clarividencia para rebatirlo. ¿No es cierto?

Q: En el planeta Tierra siempre ha habido cambios climáticos demostrados. No es algo nuevo, y culpar al hombre de todo me parece ridículo.

A: En parte es cierto. Pero los aumentos de temperatura que tenemos actualmente son anormales. Durante las Edades de la Tierra, la naturaleza se ha sacado de la manga una herramienta supereficiente para almacenar y controlar los niveles de CO2 de la atmósfera: los árboles. Pero cosas de la vida, la actividad del ser humano, cortándolos y quemándolos ha evitado eso de almacenar y controlar, así que se han liberado a la atmósfera de manera alarmante. Y no: esto no tiene nada que ver con los ritmos naturales del planeta. Desde la revolución industrial de 1880, la temperatura promedio de la superficie terrestre ha aumentado 0,8ºC. En la segunda mitad del siglo XX, la velocidad de calentamiento se duplicó. 14 de los 15 años más cálidos registrados ocurrieron entre el 2000 y el 2014.

España, por sus características geográficas y socioeconómicas, es un país muy sensible al cambio climático. El siglo XX se saldó con un aumento 1,5ºC, el doble que la media mundial cuyo aumento es de 0,7ºC.

No hay nada de normal en esto.

Q: Tanta historia con el coche. ¡El coche es necesario! Trabajo lejos de mi casa, y tengo que cogerlo todos los días. Ni siquiera hay transporte público.

A: Claro. Si vives a mucha distancia, es normal. A veces, y más en esta época en que la economía nos da esos sustos, no se puede estar rechazando ningún trabajo. Eso sí, hay algunas cosas que puedes plantearte hacer:

  • Mudarte más cerca de donde trabajas. Tendrás más tiempo para tu familia y para ti, ahorrarás en gasolina y mantenimiento del coche, y reducirás CO2.
  • Si ya estás pagando una hipoteca, igual lo de mudarte no cuadra. Pero tal vez comprarte un coche más sostenible sería una buena idea. Híbrido o eléctrico.
  • A menos que vivas en un pueblo con 4 habitantes octogenarios y una vaca, podrías plantearte compartir el coche con otra persona. Incluso si realmente éste es tu caso, internet es una herramienta genial para contactar con alguien del pueblo de al lado que también tenga que desplazarse.

Está claro que la magia no existe, y que si tienes que ir al curro en coche, tienes que ir y punto. Lo que tienes que tener claro es que ir a comprar a la tienda del pueblo en coche no es ir a currar; que ir todos los días al Carrefour o al Mercadona más cercano en coche para comprar no es ir a currar. Si no puedes prescindir del coche para lo necesario, tienes que ser lo más eficiente posible en otros aspectos menos necesarios y usarlo lo menos posible.

Q: El hecho de que las emisiones de CO2 se controlen no significa que el calentamiento climático se vaya a detener. En algún sitio lo he leído. Vamos a acabar todos viviendo como en Mad Max o Fallout.

A: La resignación es un estado de aceptación de lo malo que todo ser vivo tiene clavado en los genes. Vamos a morir, es así. Sin embargo, la naturaleza ha creado, para evitarla, una cierta conciencia de permanencia en lo que llamamos “especie”. La especie, nuestros hijos y la preocupación por su bienestar, es lo que hace que no mandemos todo a tomar por el culo. La tranquilidad o incluso felicidad que siente el ser humano al morir dejando descendencia es algo atávico. El deber cumplido.

Es verdad que no va a detenerse. Estoy de acuerdo. Ya en la Cumbre de París se ha llegado a esa conclusión. Por lo que luchamos ahora es por frenarlo. Para que en lugar de un aumento de 2ºC, no se alcancen los 4,8ºC, cuyos efectos serían monstruosos. Superando el tema económico, hablaríamos de casquetes polares derretidos, huracanes extremos, lluvias torrenciales extremas, ciudades enteras inundadas, especies completamente exterminadas. El puto apocalipsis va a llamar a la puerta. Pero no va a ser divertido como en Walking Dead o Fallout. Porque eso es ficción, y precisamente eso es lo que tiene de divertido. Si no morimos, vamos a toparnos con el horror más grande que jamás podremos imaginar.

El coste de no actuar es demasiado alto para, simplemente, aceptar que nada va a cambiar.

Q: Ahora se culpa de todo al ciudadano. Los mismos que llevan años enriqueciéndose contaminando, ahora son adalides del cambio climático. Y resulta que tengo que moverme yo: pagar dinero de mi bolsillo o cambiar mi estilo de vida. Los políticos están para cambiar eso, que para eso les voto. A mí que me dejen tranquilo.

A: Se llenaban los bolsillos y tú mirabas para otro lado, sí. O vuelves a votarles, vaya. Como el vecino hackea la WIFI, la hackeo yo también. Tu responsabilidad no se diluye en otros. No eres más tonto por pagar internet, eres menos ladrón. Es perfectamente lícito que una empresa quiera cambiar su impacto para que sea más positivo, siempre que sea algo más que un maquillaje mediático. De hecho, ese acto tiene más valor que todas tus quejas y tu inmovilismo.

Vamos, piensa egoístamente. Si tú no contribuyes puede ser que el día de mañana no puedas salir a dar un paseo por esa playa, ese monte o ese sitio que tanto te gusta porque seguramente estará hecho un Cristo. Luego puede que te quejes sin razón de que “la gente es una guarra y no limpia”. Contribuye a generar menos basura, recicla, mantén las zonas naturales limpias y, sobre todo, haz que el vecino pague la maldita WIFI y recicle también. De verdad, a veces cuesta más hacerlo mal.

Y si vives en una ciudad, todavía tienes que responsabilizarte más. Si no, te pasará como Madrid o Barcelona, que sobrepasan los límites recomendados por la OMS e impuestos por la UE en materia de toxicidad del aire, año tras año. Y a lo mejor un buen día te levantas con una enfermedad respiratoria grave, esperando a que los políticos cambien eso.

Voy terminando porque ha resultado ser demasiado largo. ¡La semana que viene continuamos con la segunda parte!

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