EL INVENTO QUE PUEDE HACERNOS CAMBIAR DE ERA

Ya sabéis que me gusta traeros de vez en cuando un cacharrito de esos que molan, de esos que son capaces de cambiar el mundo. Pero lo de hoy va un paso más allá. Hoy es uno de esos días en los que a uno se le eleva el ánimo y el ánima, y le dan ganas de pegar saltos de alegría. No sé ni cuánto tiempo llevaba esperando la llegada de una buena noticia, sin medias tintas, que pusiera sobre la mesa una herramienta realmente eficaz para hacer frente al cambio climático. Y creo que no sólo yo, sino todos debemos estar de enhorabuena y volver a confiar un poquito en la especie humana.

La historia de la humanidad se ha dividido tradicionalmente en diferentes edades, cuya transición ha sido protagonizada por un descubrimiento o acontecimiento que ha conseguido revolucionar la vida en nuestro planeta. Así, por ejemplo, dicen los libros que la Prehistoria termina con la aparición de la escritura, que la Edad Antigua termina con la Caída de Roma o la Edad Media con el Descubrimiento de América.

Según esto, el último hecho tan relevante para occidente como para cambiar la era de la humanidad ha sido la Revolución Francesa. Ya se escuchan muchas voces que dicen que la Edad Contemporánea tiene que cambiar ya, porque el descubrimiento de Internet ha revolucionado nuestra sociedad hasta el punto de ser radicalmente diferente a la del bueno de Robespierre. Y en cierto modo comparto esa visión.

Sin embargo, el artefacto que os traigo hoy a Goodbye, Mr. Burns, podría considerarse tan digno de cambio de era como el mismo descubrimiento del fuego. Porque sí, empezaré diciéndoos que es capaz de capturar el CO2 de la atmósfera. ¿Cómo os quedáis?

Se calcula que los primeros modelos pueden llegar a capturar hasta 50 toneladas de CO2 al año, lo que ya supone auténtica pasada. Sin embargo, ya se está hablando de que otros modelos son capaces de aumentar esta cifra. Teniendo en cuenta las cifras de emisiones que manejan nuestra ciudades y provincias (sólo Andalucía emite cerca de 30 millones de toneladas cada año), la noticia no sería tan sorprendente, porque con una operación rápida sabríamos que tendrían que fabricarse miles de estos aparatos para hacer frente al enorme número de emisiones. De hecho, tendría que haber aproximadamente uno por cada dos habitantes (en las provincias más contaminantes, las emisiones se calculan en alrededor de 20 toneladas por persona), lo que representaría no sólo un elevado coste, sino un gasto energético para hacerlos funcionar que no podría ser asumido.

Pero aquí viene lo mejor: el cacharro funciona con energía solar a partir de células sensibles a la luz que implementa en su estructura, por lo que puede reabastecerse energéticamente de forma continua. En cuanto a los costes, para sorpresa de todos, la empresa que lo fabrica ha liberado la patente y prácticamente cualquiera puede tener acceso a uno. De hecho, en ciertas esferas ya existe debate sobre si debe ser el propio gobierno del país el encargado de adquirirlos. ¿Te imaginas el skyline de nuestra ciudad plagado de estos artilugios, como una vez ocurriera con las antenas de televisión? ¿O tal vez uno de esos grandes solares abandonados después del boom inmobiliario que plagan nuestros barrios reconvertido en un parque lleno de estos aparatos, como si fuera una enorme huerta solar con placas fotovoltaicas? Sería una especie de complejo destinado a limpiar nuestro aire.

El grandísimo Arthur C. Clarke dijo una vez que Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Lo cierto es que yo no soy científico, así que no puedo evaluar con exactitud la magnitud de la maravilla de su funcionamiento, pero a mí me parece casi mágico. Un milagro, vaya. Mediante una tecnología que pone en marcha un complejo proceso químico, estos aparatos son capaces de atrapar el CO2, sí. Pero lo mejor es que dicho proceso también puede trasformar ese CO2 en oxígeno respirable durante las primeras fases del ciclo de vida útil del artefacto. En fases más tardías, simplemente captura el CO2.

El problema que surgía entonces fue que una vez terminada la vida útil del producto, que ya de por sí se estima en cientos de años, habría que desecharlo. Esto generaría enormes toneladas de basura imposible de contener si finalmente se fabricaran tantos como hiciera falta. Imagínate en China la cantidad de basura que se generaría, pues tendrían que equipar sus ciudades de tal forma que fueran capaces de capturar 6017 millones de toneladas al año. En tierras del idiota de Trump, la cifra asciende a casi 6000 millones también.

Pero para sorpresa de todos, parece que esto de la basura tampoco es un problema. El fabricante decidió construirlo con material biodegradable, así que cuando termina su vida útil, simplemente se integra en la naturaleza. Ojo, no he dicho reciclable: bio-de-gra-da-ble. Epic win!

Seguro que a estas alturas te estarás preguntando qué empresa ha desarrollado semejante producto, o quién ha sido su inventor. Quién ha desarrollado una herramienta tan potente, capaz de limpiar nuestro aire de gases contaminantes que dañan nuestra salud y nuestra atmósfera. Pues no puedo responderte, porque esa es una de las grandes dudas de la humanidad. Unos lo creen fruto de la casualidad adaptativa y otros de la obra de alguien. Pero si alguien es capaz de crear semejante artefacto, tiene por fuerza que ser un dios.

Porque este artefacto no es otra cosa que un árbol.

Los árboles están ahí, para nosotros, y han estado ahí mucho antes que nosotros. Podríamos decir que incluso son los causantes de nuestra existencia. Y como si nos hubiéramos vuelto completamente locos, los arrancamos, los talamos, los quemamos y despreciamos su existencia.

Por muy increíbles que seamos, por mucha Luna a la que hayamos llegado y mucho Marte al que se pretenda ir, no hemos podido ni vamos a ser capaces de inventar un aparato tan eficiente como lo es un árbol, que incluso sea capaz de no poner ninguna condición en nuestra compleja sociedad de consumo.

¿La razón? Ya está inventado. Y no hay que fabricarlo: sólo hay que plantarlo.

¿Cómo ves una nueva Era con una superficie terrestre llena de bosques?

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