ENERGÍA EN LA UE 2

Vuelvo a la carga con esta miniserie de posts sobre la energía y la UE. En el anterior post, os dibujé un marco histórico en el que situaros. Si has llegado hasta aquí, no sólo es que prometas como persona, es que el tema te interesa. Bien, vamos allá. Acerquémonos a lo que está pasando en la actualidad. Si quieres, como ejercicio, mientras lees esto piensa en lo que está suponiendo para todo esto la salida de UK de la UE.

Habíamos dejado el relato anterior hablando de una nueva revolución industrial. Recordemos un momento que las prácticas de crecimiento incontrolado de la última revolución industrial son las que nos han llevado hasta aquí. Reinventar todo el sistema no se hace de la noche a la mañana, pero ¿estamos realmente en el camino?

La nueva política energética, aprobada de urgencia en 2008, puso tres objetivos para 2020. El Triple 20 de 2020 lo llaman, y los científicos dicen que la cifra es fruto de la casualidad y no atiende a procesos mediáticos. No sé qué decir. En definitiva, se aprueba que:

  1. Los gases de efecto invernadero deben reducirse en un 20%
  2. Mejorando nuestra eficiencia energética, se debe reducir nuestro consumo energético un 20%
  3. La presencia de las energías renovables en nuestro entramado debe ser del 20%.

Ahora, vamos por partes, como dijo el picador criminal mutilador. Teniendo el cuenta que el principal contribuyente de las emisiones de CO2, y por tanto del efecto invernadero, es el sector de la energía, y que ésta tiene una dependencia excesiva de los combustibles fósiles, el objetivo número 1 pasa por disminuir esa dependencia. Chupado, ¿verdad? Pues sí. Las previsiones pronostican que lo conseguiremos. Es más, según la última cumbre de París, lograremos descarbonizar nuestra economía de aquí a 2050. Apuntamos un WIN, entonces.

En 2016, estamos casi en un 13% de presencia de renovables en nuestra energía, lo que supone que, con ese ritmo, también alcanzaremos el objetivo número 3. Y digo supone, porque hay ciertos altibajos en el proceso. Las renovables necesitan infraestructuras físicas, políticas y económicas que la situación de crisis no está dispuesta a financiar. El dinero para invertir en evitar el cambio climático no está disponible. Sin embargo, la buena noticia es que los costes de la energía que viene de las renovables han caído en picado, y se espera que se mantengan así. Titubeamos un poco, pero anotamos otro WIN.

Pero aquí viene la parte dura: el punto 2 no lo alcanzaremos. Consumimos más energía de la que necesitamos. A partir de Fukushima, muchos estados miembros han decidido renunciar a la energía nuclear. Por poner un ejemplo, Alemania estima que a partir de 2023 va a cerrar todas las centrales nucleares que tiene en el país. Este cambio energético tiene que sustituirse por otras fuentes de energía sin renunciar al cumplimiento de los objetivos, lo que supone un reto muy grande. Apuntamos un FAIL.

La dependencia energética es nuestra asignatura pendiente. Se calcula que en 2035 llegará al 85%, siendo actualmente del 60%. Seis países miembros, por ejemplo, dependen en un 100% del gas ruso. Y mientras la demanda ha continuado creciendo, ha llegado la revolución de los gases y petróleos no convencionales. El no convencional es el que se consigue con las técnicas de fracking o perforación horizontal, ya sabéis, eso de inyectar agua y ciertos químicos a presión para fracturar  y el suelo de manera que se desprenda el gas o el petróleo que puedan contener. Esta revolución, este imprevisto cambio copernicano, ha conseguido que se estime que la producción de gas y petróleo no convencional supere a la convencional en 2020.

¿Buenas noticias? Tal vez no tanto para la UE. Con estas artes pseudomágicas (Asimov mediante) EEUU se ha convertido en el principal productor de petróleo a nivel mundial, por encima de Arabia Saudita, y uno de los principales productores de gas del mundo. EEUU era un importador neto, pero los cálculos dicen que en 2035 se convertirá en un exportador neto.

Está claro que EEUU, si Trump se queda en su pisito de Manhattan, es un proveedor mucho más estable que Oriente Medio, pero también es un competidor económico. De tal forma que, si hemos dicho que el sector energético es un fundamento activo de la economía y la UE paga más por su energía que los EEUU, podemos considerar que, a todos los niveles, los EEUU son más competitivos.

Jean-Claude Juncker es la respuesta de la UE a esta situación actual. Presidente de la Comisión Europea desde 2014, incluyó a la energía como una de las 10 prioridades de la UE en el discurso que lo estrenaba en el puesto. No se arrugó al declarar que tendríamos que poner en conjunto nuestros recursos y combinar nuestras infraestructuras y nuestro poder de negociación de cara a países terceros, reduciendo nuestra dependencia.

Discursos aparte, todos tenemos claro que Juncker es un tipo de acción, y no de los que aparecen en la saga de Stallone Mercenarios, sino de los que se ponen manos a la obra rápido. Dio un enfoque napoleónico al asunto: “si quieres que algo no se resuelva, nombra un comité que discuta los pormenores. Si quieres que se resuelva, designa una persona”. La persona designada fue el eslovaco Maros Sefcovic, a quien puso al frente de un grupo de comisarios encargados del tema energético.

El primer paso de Sefcovic fue actualizar los objetivos, de aquí a 2030. Los objetivos de reducción de CO2 se incrementaron hasta el 40%, la presencia de renovables hasta un 27%, y reducir el consumo en un 27% gracias a una mejora en la eficiencia.

Así, los puntos de la nueva dimensión de la política energética actual, la antesala de la tan ansiada Revolución Industrial vol.2, son estos:

  • Basándose en que toda la UE hable con una misma voz en el exterior, se busca diversificar los proveedores de fuentes de energía y las rutas de aprovisionamiento energético.
  • Se busca desarrollar un mercado interior fuerte y plenamente integrado. Para ello se deben mejorar las reglas de transparencia, desarrollar infraestructuras de interconexión para evitar que los países queden aislados y asegurarse de que las empresas no abusen de su posición dominante.
  • Se debe profundizar en nuestras políticas de eficiencia energética para necesitar menos energía (ya os dije que era la asignatura pendiente de la UE). Eso es: consumir menos en transporte, en los hogares, generar energía más eficiente, apostar por electrodomésticos más eficientes y repensar por completo nuestro sector industrial, haciendo que consuma menos energía y se complete la descarbonización en 2050.

Es lo que tenemos. Es una pena que no tengamos grandes yacimientos de petróleo que explotar para seguir consumiendo y contaminando. Maldita sea, parece que se nos está obligando a salir de nuestra zona de confort y utilizar nuestra inteligencia. Admitámoslo, es un tedio. Es cansino. Pero hay que hacerlo. Si la nueva concepción va bien, nos quedará un sector energético separado de los combustibles fósiles, descentralizado, que no esté orientado al sistema viejuno de aprovisionamiento. Se calcularía entonces que en el 2020 el 15% de la capacidad energética se comercializaría entre estados miembros, alejándonos de un sistema fragmentado de políticas nacionales descoordinadas, y con barreras de mercado. Y sí, hamijo mío, se daría a los consumidores la posibilidad de gestionar su propia demanda.

  • Si quieres saber más sobre la situación energética de España dentro de estas nuevas políticas, ve al post de la semana que viene.
  • Si quieres saber más sobre el marco histórico de la situación energética de la UE, ve al post de la semana anterior.
  • Si no te interesa nada más sobre la energía, sigue disfrutando de Goodbye, Mr. Burns, el blog del HAMOR y la innovación social.

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