ENERGÍA EN LA UE: ESPAÑA

En esta tercera y última parte de la miniserie sobre la energía en la UE, le toca el turno a España. Y ya os pongo sobre aviso de que el tema energético en este país no puede abordarse sin caer en cierta polémica. Sirva como nota de descargo.

Al principio de este mismo verano, cuatro mineros leoneses se encerraban a más de 200 metros bajo tierra en las minas de Pozo Aurelio. Iniciaban una peligrosa huelga de hambre en ese ambiente inhóspito, que terminaría menos de un mes más tarde cuando un médico les advirtió de que su salud corría un riesgo muy alto. Retirarse hoy para luchar otro día, pensarían. Pero, ¿qué están reivindicando? ¿Por qué luchan estos mineros?

Estoy seguro de que habéis leído las entregas anteriores del post. Si no es así, daos caña. Comentamos en ellos que uno de los objetivos de la UE de cara a 2018, esto es, dentro de 1 año y medio, era cerrar todas las minas de carbón. La minería de carbón, y su actividad poco rentable y contaminante es cosa del pasado, cosa de los enanos de las Montañas Nubladas. Llevamos siglos extrayendo este fósil de las entrañas de la tierra, y ya es hora de que acabe. Atrás quedarán largos años de historia que no deben caer en el olvido, pero que sí deben ser reemplazados.

Teniendo claro esto, ¿qué le pasa a los mineros? ¿Acaso no ven que su industria agoniza? Por supuesto que lo ven. Cuando el Gobierno de España se comprometió a cumplir los plazos de cierre, elaboró un Plan de Cierre de la Minería. El plan incluía ayudas económicas, la reubicación laboral de la mano de obra e incluso la transformación del espacio minero en otra actividad industrial más sostenible. Todo ha supuesto un completo fracaso. ¿Dónde está ese dinero? ¿Dónde van a trabajar todos esos empleados a los que se les ha obligado a cesar su actividad? ¿En qué van a convertirse las instalaciones mineras, en parques fotovoltaicos? El silencio de las instituciones en este sentido fue y sigue siendo incomprensible, y por eso hay que hacer encierros, huelgas de hambre y marchas multitudinarias.

Así que nos vemos ante la evidencia lógica de cerrar las minas como parte de la normativa europea para la nueva revolución industrial del siglo XXI, la deriva hacia las renovables. Pero, ¿es posible esa deriva en España?

España es incapaz de compartir el requerido 10% de la capacidad energética que produce a otros países, por lo que se considera una isla energética. Geográficamente está en la periferia del continente, alejada de África y mucho más de América. Así que España está condenada a contar con recursos propios para abastecerse.

Pero vamos más lejos. Decíamos en las otras partes de este post, que uno de los objetivos de las políticas energéticas de la UE era asegurar el libre mercado dentro de los países miembros. La situación de isla energética no sólo obliga a España a producir su propia energía, sino que tampoco puede vender a otros países los excedentes de potencia de nuestro sistema, ni aprovechar el exceso de infraestructura que tenemos.

¿Qué me estás contando, Billy? ¿Cómo se comparte la energía? Por medio de interconectores. Para entendernos, son estructuras físicas, tuberías por las que pasa el gas o la electricidad. Cuando los países comparten su energía por medio de estas redes, como es el caso de Alemania, Francia, Benelux, Austria, Dinamarca y Suiza, se dice que están interconectados. En España, el hándicap de los Pirineos y Francia, país por el que tienen que pasar necesariamente nuestros interconectores, ha supuesto un retraso en la construcción de estas infraestructuras.

Parece que estoy yendo de víctima, pero se trata de una realidad innegable. Mola la UE y molan sus políticas enfocadas a las renovables, pero el caso de España debe ser examinado desde este punto de vista: nuestra condición de isla energética es perjudicial para el desarrollo de las renovables. Pum! Ya lo he dicho.

Así que no hay interconectores para importar energía eólica del Mar del Norte, ni interconectores para exportar energía solar a Francia (los ejemplos son míos). Para poder aprovisionarnos de energía tenemos plantas de ciclo combinado de gas que suelen estar apagadas porque sólo se encienden cuando no hay sol o no hay viento, lo que supone un coste surrealista.

Pero para entender el alcance del drama, hay que explicar cómo funciona el mercado de la electricidad, a grandes rasgos.

En el mercado de la electricidad se hace una subasta. La gente con centrales, va a la subasta. El que tiene la energía más barata es el primero que la pone en la red, que para haceros una idea, es como una red de cañerías de agua: tiene que haber tanta agua en las tuberías como grifos estén abiertos, de modo que a más grifos, más agua. Sin embargo, si todos los grifos se cierran, se tendría que cortar el flujo de abastecimiento para que las cañerías no reventaran. Lo mismo pasa con la electricidad. Hacen falta muchas centrales para aprovisionar, pero cuando baja el consumo (durante la noche, por ejemplo), se tienen que ir sacando centrales de la red para que no haya alta tensión y explote el tinglado. En la subasta, todos intentan tener el precio más barato para ser los primeros en entrar en la red, porque si no, sus centrales se activarán únicamente cuando haya un aumento muy fuerte de la demanda. Así que, los primeros que entran son los más baratos, los segundos que entran, los segundos más baratos, y así sucesivamente.

Los primeros en entrar siempre son las renovables, porque van a coste 0. Los segundos suelen ser las centrales nucleares, que abaratan mucho el precio porque la energía que producen no pueden almacenarla y la central no puede apagarse. Las siguientes son las de carbón, luego las de ciclo combinado de gas y luego la hidráulica, que puede abrir y cerrar la puerta  energética cuando quiera.  Es por eso que la hidráulica es la energía más cara de la subasta.

El problema es que en el momento de caída de la demanda, ésta cae tanto que ni siquiera la energía renovable se necesita en la red. Se sacan los aerogeneradores de la red, pero como es por la noche cuando producen más energía, ésta se pierde tontamente. Si tuviéramos interconectores, podríamos exportar la eólica a otras partes de Europa. Interesaría entonces un mercado de intercambio de energía para no perder la que generamos, porque cada vez que entra una no renovable en la red,  se encarece el precio de todas las demás. A más presencia de renovables, más coste 0. A menos presencia de renovables, más coste.

Así que nuestra situación es particular. La UE puso un objetivo del 20% de renovables en 2020, y  hemos visto por qué España no estaba de acuerdo. Pero se encontró como solución el aprovechamiento de la energía solar. Se dieron entonces una serie de ayudas muy generosas a las fotovoltaicas. Si usted pone un parque fotovoltaico, caballero, tiene asegurado mucho dinero en los 20 años siguientes. Pero el asunto estaba mal calculado, y se generaba un déficit entre lo que costaba la energía renovable y lo que costaba la empresa encargada. Como las ayudas salían de las arcas y había que recuperarlas, empezó a implementarse un cargo en nuestra factura de la luz. Y como la liberalización del mercado se hizo a medias, el precio del consumidor final se reguló con la llamada Tarifa de Último Recurso (TUR). Concebida para que el parado o la gente sin recursos económicos tuvieran una protección de abastecimiento eléctrico, se permitió que todo el mundo la usara. Sí, todo el mundo. Desde quien calienta agua para hacerse una infusión a quien climatiza la piscina de su chalet de lujo. Como ningún gobierno quiere subir los precios para no perder las elecciones, y además está regulado por el TUR, pero sí sube el coste como hemos explicado, va aumentando una bola de nieve que en la actualidad alcanza los 30.000 millones de euros y genera políticas-parche más propias de un ser de precaria inteligencia, como es el impuesto al sol.

Así que, en temas energéticos, España parece ir en la misma dirección que el resto de países miembros, pero tratando de sortear unos obstáculos endémicos que auguran un desenlace incierto. Estamos cerrando minas, abriendo parques fotovoltaicos, invirtiendo en renovables pero gravando al sol, y no sabemos muy bien hacia dónde vamos. Y lo que es peor, no sabemos ni cómo se llega hasta allí.

Éste es el camino, es cierto. ¿Pero tenemos el calzado adecuado para recorrerlo?

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