7 abril, 2016

Iberdrola y los paraísos fiscales perdidos

En el mundo del marketing, muchas veces se abre un debate entre si se debe mentir o no para vender. La discusión alcanza diferentes esferas, desde los altos directivos de una empresa líder en su sector hasta el humilde comercial que se patea las calles y va de casa en casa contando su particular historia. Todos identifican, en mayor o menor medida, que mentir es algo malo.  Pero tal vez sea algo necesario.

Como consumidores, estamos dispuestos a admitir mentiras. Por lo menos a pequeña escala, como las mentirijillas que te cuenta tu pareja para ocultar alguna de sus manías. Porque no es lo mismo que te mientan si te dicen en un programa de estilo teletienda que un aparatejo con siete cuchillas es capaz de preparar 2.438 recetas cortando frutas y verduras con una facilidad pasmosa, a que te vendan acciones preferentes a renta fija en un banco, y luego resulte que un día te des cuenta de que no tienes un maldito euro de tus ahorros vitalicios.

Escuchaba el otro día la entrevista radiofónica que Cadena SER le hacía a Sánchez Galán, director general de Iberdrola. De las turbias andanzas de esta compañía todos sabemos algo. Como mínimo, a nadie se le escapa que los precios de las facturas han ascendido de manera exponencial en los últimos años, más bien debido a intrigas político – económicas que a razones energéticas puras o de mercado. Pero el día de la entrevista escuché cosas que me dejaron impresionado.

Iberdrola suele esgrimir su imagen de compañía responsable allá a donde va. Se enorgullece de su memoria RSE (¡Ay, benditas memorias RSE que lo solucionan todo sin hacer realmente nada!) y se cuelga brillantes medallitas de compromiso social. La última medalla hace referencia, como bien dijo el propio Galán en la entrevista, al Premio a la Compañía con Mayor Transparencia Fiscal, que fue otorgada por la Fundación Compromiso y Transparencia.

Poco después declaraba, y en relación con los datos del caso Panamá, que Iberdrola no tiene ninguna sociedad en paraísos fiscales, porque cada uno debe pagar lo que le toca. . . y no se le secó la boca.

Al 66 le falta un 6 para convertirse en el Número del Diablo. Mientras llega, diremos que 66 es el número de filiales que Iberdrola tiene en paraísos fiscales, según un informe de la ONG Oxfam Intermón. Es la tercera de España, del Ibex 35, sólo detrás de Banco Santander y ACS, la constructora de Florentino Pérez. En el mismo informe, Oxfam Intermón nos cuenta que la aportación de beneficios fiscales de Iberdrola ronda el 5,3%, frente al 30% que marca la ley tributaria.

¿Caen en alguna ilegalidad? No lo creo. Estoy seguro de que los altos cargos, fichados de entre la plétora de ex políticos y familiares de políticos han sabido encontrar las pequeñas rendijas legales por las que deslizarse evitando caer en algún delito.

No quiero memorias RSE absurdas, no quiero premios vacíos. No quiero postureo y discursitos falsos emitidos por directivos con voz impostada y gestos estudiados, vestidos de traje y corbata. No quiero argucias que evadan los impuestos de las grandes compañías mientras suben los míos. Necesito más transparencia y partidos políticos en el poder que la promuevan. Quiero que me den las herramientas necesarias para saber si una medalla de responsabilidad ha sido concedida merecidamente o es una maniobra de marketing, para saber a quién estoy dando mi dinero y si debo dejar de dárselo.

Si te preguntas a qué viene semejante trolleada a Iberdrola en Goodbye, Mr.Burns, un blog donde hablo de cosas que molan, filantropía, medio ambiente y responsabilidad social, es que las campañas de imagen de la compañía eléctrica están funcionando. Responsabilidad social también es no defraudar en paraísos fiscales, es no dejar sin luz a los colectivos más golpeados por la crisis porque no pueden pagar su factura, es no caer en prácticas corruptas como el soborno a autoridades, es no contaminar al generar energía como ocurre con sus centrales nucleares, vendidas a la opinión pública como energías limpias. La responsabilidad social también es no mentir.

Ahora te toca a ti. Juzga tú si esta mentira tiene la misma magnitud que la explicación sobre las asombrosas propiedades de tu cortador de frutas y verduras del teletienda.

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