Una de las cosas que más llama la atención y en la que más énfasis se pone en la ciencia-ficción, es el hecho de plantear un entorno más o menos verosímil, pero que nos deje con la boca abierta. Dejando de lado la vertiente postapocalíptica del género, en la vertiente en la que la humanidad continúa avanzando y supera los retos actuales, nos encontraremos con ciudades enormes y bien diseñadas, en las que todo parece atender a un propósito y todo está muy bien pensado para que el ciudadano sea feliz.

Así es que, ya sea una novela, un cómic, una película, un videojuego o cualquier otra manifestación, podremos ver a los protagonistas moverse en coches que vuelan y que funcionen con algún tipo de energía renovable. Vivirán en altos edificios-colmena, habrá extrañas infraestructuras para aprovechar el poco espacio, y el escenario será siempre muy luminoso y limpio. Las leyes serán todo lo justas que el hombre es capaz de inventar, formando un equilibrio social que hoy en día no podemos ni sospechar. Ejemplos de lo que os digo son, tal vez, la propia Star Trek, la reciente Tomorrowland, o The Venus Project.

Espera un momento. . . ¿The Venus Project? No, esto no es una película o un libro. Se trata de un proyecto de ciudad de futuro (que tiene por extensión un nuevo sistema económico y político) más o menos utópico, que está cobrando forma gracias a las ideas del controvertido Jacque Fresco. Sirva esto a modo de pincelada, por si queréis investigar más pero, hoy por hoy, podría ser lo más ciencia y lo menos ficción que podemos encontrarnos como proyecto serio de ciudad futurista.

La verdad es que a uno, asumiendo los problemas actuales de las ciudades, tanto sociales o económicos como medioambientales, le cuesta pensar como creíble un futuro de estas características. Puede resultar alentador imaginar ciudades cómodas para el ser humano y el resto de seres vivos del planeta, pero la verdad es que, según todos los indicios, no es el camino que estamos llevando.

Aún así, hoy quiero comentaros una serie de medidas reales, alejadas de la ciencia-ficción, que no son otra cosa que aplicar fundamentos de innovación social a problemas graves de las grandes ciudades actuales. Nada de The Venus Project y demás concepciones utópicas.

NETTE TOILETTE

Seguro que esperabais que empezara contándoos algo súper espectacular sobre tecnología aplicada. Pues no, nada más lejos. Muchas veces, la innovación social no es más que aplicar una pequeña medida, una nueva forma de hacer las cosas, en un target que parece insignificante pero que al final es capaz de transformar la propia sociedad. Siempre queda una sensación de ¿de verdad esto no se hacía ya?

Nette Toilette es un ejemplo de esto. Si estás en una ciudad y tienes ganas de orinar, tienes un pequeño problema. Vas a una cafetería y compras algo para poder usar su baño, te haces el loco y aprovechas un despiste para colarte en el WC, o simplemente buscas un callejón apartado y lo suficientemente discreto para evacuar con alegría. Los baños públicos te reclaman unos céntimos que no todo el mundo (por la razón que sea) está dispuesto a dar. En varias ciudades de Alemania, han encontrado una solución simple pero eficaz: el ayuntamiento paga entre 20 y 100€ mensuales a los negocios de la ciudad para que pongan una pegatina que diga que allí se puede usar el baño libremente.

La medida no sólo está consiguiendo que las ciudades estén más limpias, sino que los ayuntamientos ahorren dinero. La construcción y el mantenimiento de los baños públicos resulta mucho más cara que el programa Nette Toilette.

La verdad es que en España somos algo más gentiles con esto. A veces basta con echarle un poco de cara y pedirle al comerciante si puedes usar su baño. Pocas veces te lo negarán. Pero lo cierto es que institucionalizar este buen rollo es algo necesario en las grandes ciudades del mundo.

MÁS BICICLETAS

Londres está subiendo puestos rápidamente en el ranking de mala calidad del aire, y gran parte de la culpa de esto la tiene el uso masivo del coche como vehículo de transporte. Aunque aquí, en el sur de Europa, siempre hemos visto a los londinenses como adalides del uso del transporte público y apartados de la cultura del automóvil, un reciente informe ha devuelto que alrededor de 10.000 personas mueren cada año en la capital inglesa por la mala calidad del aire, contaminado principalmente con NO2. Recuerda este post

La respuesta del alcalde londinense, Sadiq Khan, ha sido la inversión de más de 700 millones de libras para transformar la ciudad y hacerla bici-friendly. En nuestra cabeza, ya nos estamos imaginando que la medida es poco más que ampliar los tramos de carriles bici. Pues no, la cosa va mucho más allá.

El plan proyecta ampliar las aceras, aumentar el número de pasos de peatones y calles peatonales y, atención, crear dos grandes autopistas para bicicletas que crucen Londres de norte a sur y de este a oeste.

Se suma Londres así a la iniciativa de otras ciudades como París, que están admitiendo que hay que tomar medidas drásticas contra la contaminación y el uso del coche en la ciudad. En España, en Madrid, las medidas que el Ayuntamiento ha tomado este invierno cortando parte de la Gran Vía y negando el tránsito a coches con según qué matrículas, ha despertado mucha controversia en todo el país. En Berlín, con el término de algunas obras en 2019, una de las avenidas más grandes de la ciudad, la mítica Unter der Linden, prohibirá el uso de coches. Es una de las calles más turísticas y que da, por ejemplo, a la Puerta de Brandeburgo.

Me pregunto cómo se lo tomarían los españoles si cerraran al tráfico la Gran Vía para siempre, o si empezara la construcción de una red de autopistas para bicicletas.

LA AUTOSUFICIENCIA URBANÍSTICA

En esta última década, Rotterdam se ha convertido en el líder mundial del diseño urbano sostenible. Con la subida del nivel del mar amenazando la principal actividad comercial de la ciudad, el puerto más grande de Europa, cualquier innovación capaz de mitigar los desastrosos efectos de la caída de su economía es bienvenida. Los holandeses, en este punto, están apostando fuerte por el autoabastecimiento.

Para explorar los límites del ecodiseño, se está llevando a cabo un experimento llamado Concept House Village, en el que tres familias se prestan a vivir en casas sostenibles, evaluando su calidad de vida y aportando datos de los pros y los contras a sus diseñadores.

En el planteamiento, los techos de las casas filtran el agua de la lluvia y la reparten a una cosecha que está en el desván. Piénsalo: crecen cebollas, tomates, zanahorias . . . en el piso de arriba. Energéticamente, la casa se abastece con paneles solares y utiliza el efecto invernadero para mantenerla caliente. Aunque hay  problemas que mantienen al equipo de diseño trabajando continuamente, el experimento nos puede dar una visión más clara de lo que puede ser una ciudad futurista a partir de las propias viviendas. Más que un sistema político y económico global, ¿podrían ser las familias autosuficientes a la hora de crear sus propios recursos? Tal vez sea una visión bastante radical, pero está pensada para explorar todas las posibilidades de la arquitectura sostenible. Para que os hagáis una idea, el siguiente proyecto que se llevará a cabo en Rotterdam en este aspecto será la creación de 170 viviendas energéticamente neutrales, es decir, que sólo generarán la energía y los recursos que vayan a consumir.

En Finlandia también se están poniendo en práctica ciudades con eco diseño, trabajando con ingenieros suecos y holandeses. En Tampere, una importante ciudad comercial del siglo 19, se han aprobado planes para transformar el antiguo barrio industrial en un distrito de viviendas y servicios basado en la economía circular.

LOS DESECHOS DE COMIDA

El problema del desperdicio de comida es más grave de lo que parece, y no sólo desde el punto de vista ético de injusticia social en el que una buena parte del mundo se muere de hambre. Con 1,3 billones de comida desperdiciada al año, aproximadamente un tercio de la que se produce, tenemos un problema medioambiental grave: una fuente de metano que contamina la atmósfera y acelera el cambio climático.

Las ciudades son particularmente culpables de esto, pues cada día entran en sus fronteras toneladas y toneladas de alimentos, muchos de los cuales no se consumen. Pero, ¿cómo están enfrentando las grandes ciudades este problema?

En Dinamarca, que ha reducido el desperdicio de alimentos significativamente, hay una red de supermercados llamada WeFood, que se encarga de vender los productos caducados por las grandes empresas de alimentación. Su éxito y acogida ha sido indiscutible.

En Francia, se ha prohibido a los supermercados tirar comida. Todos los productos cuya fecha de caducidad se acerca, son donados a organizaciones benéficas o bancos de alimentos. Es una ley pionera en el mundo, pero realmente eficaz. De esta forma, el servicio de “compras” será más eficiente a la hora de adquirir alimentos para no sufrir tantas pérdidas.

En Italia se ha adoptado una medida similar, pero con la diferencia de que la ley incentiva la donación recortando los impuestos de las empresas.

En Inglaterra, en Leeds, los alimentos desperdiciados por los supermercados van a una gran escuela pública en uno de los barrios más pobres de la ciudad. Sin coste para los alumnos y sus padres, alimentan el desayuno y la comida de más de 600 niños, lo que ha frenado radicalmente el absentismo escolar y, por increíble que parezca, las malas notas.

En Alemania, aplicaciones como FoodLoop envían a los consumidores notificaciones cuando un supermercado baja el precio de un producto por acercarse la fecha de caducidad, permitiendo que todo el mundo quede enterado.

En Holanda, en Ámsterdam, ya hay proyectos fundamentados en economía circular para convertir los residuos alimenticios en abono para el cultivo hidropónico de verduras y frutas, en base a alimentar con ellos a moscas soldado.

En España, en Galdakao, surgió una iniciativa llamada “Nevera Solidaria”, en la que la gente deposita los alimentos que no va a consumir en neveras comunitarias destinadas a que cualquiera pueda obtener alimentos. El proyecto consiguió disminuir 200 Kg de basura orgánica en 1 único mes, convirtiéndose en un éxito instantáneo que no ha tardado en verse en otros lugares de Cataluña, Alemania o Austria.

No hemos encontrado hoy en Goodbye, Mr. Burns una ciudad perfecta, pero sí una serie de medidas que, puestas en común en un único lugar, podrían dar lugar a esas ciudades que acompañan al subgénero de la ciencia-ficción más amable, y que nos resultan tan poco creíbles. Hemos visto lo que es y no es posible hoy en día, o en un futuro cercano. Y estas pequeñas pinceladas que hoy os he traído resultan ser alentadoras para lo que está por venir.

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