4 noviembre, 2016

¡QUEMALO TODO, QUEMA EL FUCKING ACEITE DE PALMA!

Parece que el frío se resiste a llegar. Estamos empezando Noviembre en la Vieja Europa, y todavía no hace falta ponerse una bufanda o un buen abrigo, salvo a horas intempestivas. Y a pesar de que es un plan clásico de un invierno frío, cuando la locura del verano se queda atrás, da la impresión de que apetece darle al Netflix y tirarse en el sofá un sábado por la noche. Unos cuantos colegas, un juego de mesa y algo de picoteo. Que alguien haga la compra, y ya arreglamos luego.

Hola, soy Mike. Yo me encargaré de hacer la compra para el grupo. Llevaré lo típico: unos refrescos, unas bolsas de patatas fritas de sabores extraños y variados; un paquete de pan de molde para hacer canapés con paté o crema de cacao para los golosos, tal vez; unas pizzas precocinadas como plato fuerte; minichocolatinas varias y cacahuetes envueltos en cacao de colores para mantenernos despiertos con un buen nivel de azúcar en el cerebro.

De acuerdo, son todo porquerías, pero ésta es la dinámica. Ya irás al gym entre semana y comerás pollo con verduras a tutiplén. ¿Qué daño puedo estar haciendo además de forzar un poquito nuestra salud? Vamos a estar tranquilos en casa, sin alcohol en vena, rollo friki.

Pues Mike, te cuento: estás cargándote el planeta.

Prácticamente la totalidad de los productos que has comprado para tu noche de pelis y colegas contiene uno de los venenos más utilizados por la industria alimentaria de nuestro tiempo: el aceite de palma. Pero tranquilo, no lo haces sólo tú. Se calcula que el 50% de los productos de la cesta de la compra del ciudadano medio contienen este ingrediente. ¿Y por qué tanta abundancia de este aceite? ¿Por sus beneficios?

Correcto. Por sus beneficios. Pero económicos, claro. Para la salud, más bien no. Piensa que es un aceite sólido a temperatura ambiente, que se derrite sólo a altas temperaturas. Eso hace que sea idóneo para mantener los alimentos con un aspecto genial, evitando que se pongan rancios. Para que se derrita en tu boca, no en tu mano, o para que mojes la galleta en la leche y siga crujiente. En fin, para que los alimentos tengan una película protectora de grasa, como el lacado de un mueble o el barniz de una puerta, que le ayude a lucir mejor y soportar el paso del tiempo. Imagina lo que le hace eso a tu cuerpo.

En productos fritos, ni te cuento el beneficio. Este aceite soporta que se fría más veces con él que el aceite de girasol, por ejemplo, así que poco a poco se ha ido ganando su sitio en la mayoría de los productos prefritos, como los paquetes de snacks.

Y lo mejor de todo: es increíblemente barato de producir. Pero esperad. Antes de seguir, Mike me interrumpe y me pregunta aterrado: ¿tan peligroso es para nuestra salud como para llamarlo “veneno”?

El aceite de palma, rico en grasas saturadas, pasa alegremente a tus arterias, para embellecerlas y permanecer ahí el tiempo que haga falta.  El hecho de estar refinado significa que está oxidado, y este proceso de oxidación genera tóxicos para tu organismo, dañando sobre todo pulmones, corazón, riñones e hígado. Por dar nombres, hablaremos de colesterol, arteriosclerosis o trombosis. Y sin embargo, muchos de estos problemas los comparte con otros tipos de aceite. ¿Entonces, qué le hace ser tan nocivo?

En primer lugar, su abundancia. Si hemos dicho que está presente en el 50% de la cesta de la compra, hagamos un cálculo a ojo a ver cuánto consumimos. O bueno, no calculemos, leamos las etiquetas. Y demos gracias a que la UE tuvo a bien imponer una normativa en Diciembre de 2014 para que el etiquetaje tuviera que especificar el tipo de aceite vegetal que se utilizaba, porque las empresas largaban un “aceites vegetales” como un día de fiesta en la pegatina, y todos felices. Si ese aceite era de girasol, de oliva o de palma, ya era cosa de tu imaginación. ¿No huele mal el simple hecho de que lo hayan ocultado todo este tiempo?

En este punto, no hay que olvidar que el mismo aceite con el que se elabora tu croissant industrial o tus noodles instantáneos sirve también como componente de cremas corporales de cosmética, jabones o detergentes. Gracias.

En segundo lugar, lo que convierte en veneno puro al aceite de palma es la forma en la que se cultiva. Por eso te contaba, Mike, que te estás cargando el planeta. Si revientas de colesterol o te da un ataque al corazón a ti y a tus colegas, sinceramente me da igual. No te lo tomes a mal. Pero que el cultivo de aceite de palma esté ascendiendo rápidamente en la escala de maldad como una de las actividades más contaminantes del mundo, son palabras mayores.

En la Tierra, el sitio éste tan molón donde vivimos, podría decirse que hay tres grandes selvas: El Congo, en África, el Amazonas, en Sudamérica y el Sudeste Asiático, en Indonesia. Pues bien, se cultiva en las tres. Para que os hagáis una idea, el aceite se obtiene del fruto de la palma africana (palma aceitera), que crece de lujo en zonas tropicales. ¿Que hay unos arbolitos milenarios en la selva ocupando sitio? Nada, los quitamos de en medio quemándolos. Eso es Mike, ¡quémalo todo!

Se incendia la selva para crear plantaciones. Es la forma más barata y rápida de conseguir el producto. Imagina lo que viene a continuación: especies animales desplazadas y por ello abocadas a la extinción, poblaciones autóctonas expulsadas de su hábitat, familias enteras que acaban incorporándose como mano de obra barata y esclavizada en las plantaciones; emisiones de CO2 a cascoporro. ¿Te digo el dato? Se ha calculado que, en 2015, estos incendios emitían más carbono diario que todo EEUU. Un desastre social y medioambiental, que sólo en Indonesia (donde más se cultiva) se ha llevado por delante más del 20% de la masa forestal.

No me llores, Mike. No me llores. Ahora a lo mejor te explicas por qué tampoco comes tanto y te sobran esos kilitos. Pero no son sólo los kilos. Eres un fiel lector de Goodbye, Mr. Burns, y no te gusta eso de que el planeta se esté consumiendo, o que el orangután esté camino de la extinción. ¿Cómo puedes evitarlo?

CSPO_certificate

Los gobiernos no hacen nada, ni esperes que lo hagan. Es verdad que se han creado algunas certificaciones de aceite de palma sostenible, como el sello CSPO o el GreenPalm. La creación de este tipo de señales visuales ayuda a ir creando conciencia, y alerta de que hay un problema ahí. Sin embargo, la publicidad y la presencia de las multinacionales alimentarias que utilizan el aceite de palma no sostenible tiene un peso infinitésimamente superior en la opinión y la conciencia pública que este tipo de iniciativas. En una batalla, ganarían de calle.

La problemática es grande. La producción de aceite de palma debe controlarse, y la situación actual está muy lejos de ser controlada. Cómo hacerlo, hoy por hoy, es una incógnita, una asignatura pendiente de otras tantas que tiene nuestra sociedad moderna. Tal vez la iniciativa del etiquetado impuesta por la UE sea una pista: lee, Mike.

Lee las etiquetas de lo que compras. Haz que ese 50% de productos en tu cesta de la compra se convierta en un 20%, y si te sientes valiente, en un 5%. Y quién sabe: este invierno ya no, pero tal vez dentro de 50 años por fin tengamos que ponernos una buena bufanda en Noviembre.

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