14 agosto, 2018

THE FINAL CHAPTER

Goodbye, Mr. Burns llega a su fin.

Cuando inicié el camino del blog, hace ya unos años, lo hice con el objetivo que convertirlo en una herramienta de difusión de los fundamentos básicos de la innovación social en España, seguramente haciendo un análisis comparativo, poco profundo por mi parte, de su despegue a nivel mundial. Tenía la sensación de que, si me preocupaba por llenar el blog de contenido interesante, conseguiría dos cosas esenciales: aprender todo lo posible sobre la innovación social y acercar sus bondades a todos mis lectores.

La investigación consiguió lo primero. Qué empresas tienen un contenido social fuerte en nuestro país. Cuáles brillan, a mi entender. Poner cara a todas las personas que trabajan haciendo el bien, entrevistarme con auténticos soñadores que han conseguido dar vida a su propuesta de ir más allá del dinero, ha sido algo memorable. Es cierto que en España las empresas de corte social con una inclinación hacia la excelencia no se prodigan demasiado, y que por eso me encontré en un ecosistema muy pequeño, fácil de abarcar. Así que tuve la suerte de ser recibido por los pesos pesados de este país en cuanto a innovación social se refiere. Les puse cara, conocí a las personas que están detrás de todo. Me hablaron de sus sueños, de sus esfuerzos, de los obstáculos que han encontrado por el camino. Y así, hablando con los que están en el ojo del huracán, fue como más aprendí.

Difundir todas estas experiencias era mi segundo objetivo. Como empresario joven, sé cómo ve la gente a las empresas. Como el Mal más absoluto. El mismo Lucifer cayó de los Cielos para fundar la Inferno Corporation. De hecho, yo creo que hasta Sauron era empresario. . .

Las empresas se dedican a agotar los recursos del planeta indiscriminadamente, a llenarlo de basura y a convertir en esclavos a sus trabajadores, seres de luz que viven inocentemente en el jardín del edén no haciendo otra cosa que ser felices hasta que llegó el yugo empresarial. Y todo por el vil metal.

Pero oye, no digo que esto no ocurra, pero también ocurre lo contrario. Hay empresas y conceptos empresariales como la del Señor Burns, y luego empresas como Ecoalf. Que todas lo hacen por el dinero, sí, pero es que nuestra sociedad funciona con él. Y bien es cierto que molaría un final (o un principio) como el que diseñó el amigo Tyler Durden, pero eso no me corresponde a mí. En lugar de reventar edificios bancarios he preferido una solución menos espectacular: generar dinero haciendo el bien.

He insistido mucho a lo largo de los años en esta idea, para hacer ver a mis lectores que realmente se puede. Es posible. Más allá de toda costra política. Más allá de la visión de la empresa propia de la Revolución Industrial que quieren ver los de la izquierda, pero también más allá de la visión del empresario tiburón sin escrúpulos que manejan los de la derecha. Porque la verdad, pienso que toda esta dualidad política huele a viejo, y que no contribuye a la riqueza de ningún país, nación, territorio o llámelo como usted quiera. La clave está en las empresas, pero en las que tienen en cuenta el desarrollo sostenible de su economía, el medio ambiente y la sociedad en la que han decidido medrar.

Es verdad que he recibido suficientes críticas como para desanimarme. Pero como no han ido acompañadas de lógica alguna, o de una argumentación suficientemente sólida, no han conseguido hacerme cambiar de parecer. Sé que es un ejercicio de ruptura con lo anterior demasiado fuerte, prácticamente imposible de creer. Pero ahí está el fallo.

Porque no voy a dejar de creer que un gran cambio es posible por la apatía de unos cuantos.

Me gustaría decir que el tejido empresarial moderno se mueve en torno a la innovación social, pero eso es imposible. Sin embargo, semana a semana, post a post, os he intentado demostrar que los proyectos (algunos muy consolidados ya) en este aspecto son suficientemente serios y sólidos, como para decir que esto del cambio es una quimera.

Vosotros decidís si os sumáis a este cambio u os seguís quejando.

Goodbye, Mr. Burns llega a su fin, os decía. Es hora de explorar nuevos caminos en los que seguir aprendiendo. Esta es una decisión egoísta, unilateral, cierto, pero con la sensación de que mis objetivos han sido alcanzados, al menos hasta donde yo mismo puedo llegar.

Por último, quiero mandarle un abrazo a mis dos colaboradores principales. Esto de hacer un blog como éste muchas veces es una labor poco asumible para el tiempo que se tiene. Y ellos lo han hecho tan posible como yo.

Uno de ellos es Christian Budgen, mi contacto en Barcelona, que ha conseguido un montón de entrevistas con pequeños empresarios, iniciativas interesantes y ONG que tienen un corte social muy importante. Su trabajo fue troncal para el blog, pues descubrimos que el latido de la innovación social en España se escucha entre las calles de la ciudad condal, y allí acudimos. Sin él, el contenido de Goodbye, Mr. Burns no habría sido tan único como el que es.

Otro es Roberto R. Báez, que me ha apoyado con su pluma donde mi capacidad no llegaba. Ha sido un honor contar con un escritor amateur (espero que pronto se decida a dar el salto profesional) de su categoría, ganador de varios concursos literarios de corte nacional, para que me ayude en esta labor. Nuestros ojos merecen ser recompensados con sus letras, os lo aseguro.

A ellos, y a todos los que me habéis seguido hasta aquí, gracias. La innovación social no es una meta, es un camino.

Y para mí, el único.

PD: Os dejo mi email por si me queréis contactar, nicolas@miltrescientosgramos.com

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