24 mayo, 2017

El trabajo que no existe

Ya sea porque varias fuentes relativamente serias lo han nombrado, o porque lo vemos con nuestros propios ojos, en nuestra consciencia común se está imponiendo una verdad un tanto incómoda: un alto porcentaje de los empleos que se demandarán en el futuro, no existen hoy como profesión.

Recuerdo cuando los viejunos se reían de nuestra generación, cuando nos etiquetábamos como community managers o como coachs. Cuando hablábamos de growth hacker o de team builder, todos se reían y nos corregían diciendo: “Vamos, que estás en el paro”.

Resulta que eso ahora son profesiones, entendiendo por profesión aquello que haces para ganar pasta. Pues sí. Con mi etiquetado anglosajón hecho para molar, gano pasta. Los que se han quemado las cejas estudiando una carrera sin salidas, sin oportunidades, ya no se ríen tanto.

Pero a mí esto tampoco me hace gracia. Porque semejante afirmación, la que dice que la mayoría de los niños que hoy van a la escuela van a dedicarse vete tú a saber a qué, encierra un drama educacional más que evidente. Porque si no se sabe a qué nos vamos a dedicar, no podemos prepararnos para eso. Así que la conclusión es clara: la enseñanza, tal y como se entiende hoy en día, está muerta.

Un sistema que por definición debería ser cambiante, está estancado como el agua de un pantano. Y me dirás que en España, con siete reformas educativas en apenas 40 años (ni siquiera tres generaciones), hemos tenido cambio de sobra. Pero los cambios que se han hecho en materia educativa en este país se han basado en la desnutrición de contenidos y en el adelgazamiento de la burocracia.

Si la cultura alimenta la mente, por aquí andamos famélicos.

Yo hablo de algo más. Hablo de un cambio sistémico. Hablo del cruel abandono de la lacra que supone una clase magistral de contenido, donde un profesor va contando todos los datos que sabe o recuerda sobre un tema, y los alumnos toman apuntes por los que luego son evaluados. Puede ser bonito o no, pero no es práctico.

Mucha gente que se queja del sistema, también se queja de los profesores. No sé ni cuántas veces he escuchado a los padres decir que la culpa es de los profesores, que no motivan a los niños. O la también recurrente los profesores no están preparados. Aunque soy consciente de que no se puede generalizar, personalmente no conozco a ningún profesor que no quiera dar lo mejor a sus alumnos y que no se alegre de sus progresos. A lo mejor es que tampoco me cabe en la cabeza. Todos los que aún no han perdido la esperanza están en primera línea, soportando el fuego enemigo con resignación.

Conscientes de que algo no va bien, de que algo no funciona.

La primera vez que escuché hablar sobre el método de enseñanza Design thinking, acogí los elogios y los beneficios que se le atribuían con mucha cautela. ¿Un sistema utilizado en la Universidad de Stanford que cambia radicalmente el paradigma de la clase magistral? Suena un poco a flipada de algún profesor que va de guay, pensé.

Y no me equivoqué. Pero resulta que ir de guay funciona. En realidad, es hasta práctico. Ya de base, se eliminan los roles de profesor y alumno. El profesor se convierte en un facilitador, que viene a ser una especie de motivador de ideas. La misión de este facilitador viene a ser incentivar el pensamiento, el desarrollo de ideas y la creación de unidades lectivas consecuentes con lo que los alumnos quieren.

Imagina que la clase se transforma, entonces, en una especie de brainstorming a gran escala. Te preguntarás cómo es posible que un alumno aprenda matemáticas así. Pero esa pregunta, como me ocurría a mí, surge de la podrida herencia de un sistema educativo agonizante. Sácate los prejuicios de encima.

Los días 25 a 28 de Abril, impartí un Taller de Creación de Empresas usando el sistema Design thinking, en el IES Galileo de Valladolid. Fue un evento de la asignatura FOL (Formación y Orientación Laboral), al que asistieron 120 alumnos en total. Los talleres, de seis horas de duración, reunieron estudiantes de grado medio y superior de mecánica, administración, sistemas informáticos, etc. La mezcla de disciplinas diferentes añadió muchísima flexibilidad al taller. Cada uno aportaba la visión de su campo, a la vez que acogía de buen grado las ideas de las otras profesiones.

Los profesores de FOL, conscientes de que el mundo empresarial es cambiante hasta un nivel de insidia, querían nuevas dinámicas con las que enseñar a sus alumnos cómo crear empresas. Como bien sabes, sufrido lector de Goodbye, Mr. Burns, mi especialidad es la empresa social. Así que esa fue la deriva que tomó el taller.

Después de una introducción de poco más de media hora, nos metimos en el ajo. Los alumnos se dividieron por grupos y se involucraron enseguida. Sorprendido por el interés, descubrí que las ideas empezaban a fluir muy rápido. En muy poco tiempo, alumnos que jamás habían escuchado hablar sobre lo que era una empresa social, ya daban ideas de empresas sociales que existen hoy en día. Otros, generaban empresas ficticias muy curiosas. Por ejemplo:

  • Kilo y medio. Sniff Different. La idea general era crear una empresa de producción de cáñamo, para vender a farmacéuticas, a empresas productoras de pienso, de textiles y de bioplásticos. Uno de los chicos tenía conocimientos sobre este tema y propuso estas alternativas. La idea se desarrolló, y al final resultó en que un 50% de la plantilla procediera de colectivos en exclusión social, a los que se les pudiera integrar sociolaboralmente. Por ejemplo, proponían integrar personas que hubieran estado encarceladas, darles formación laboral e integrarlos definitivamente.
  • Vivencias de Sarah. Un interesante proyecto basado en tecnologías y videojuegos educacionales es el que propuso este grupo, que tal vez va un poco más allá del resto que se apoyaba en esta tecnología. La propuesta sería una especie de aventura gráfica que funcionaría como herramienta didáctica. Se tratarían ciertos problemas sociales, a la vez que se daría parte del temario lectivo. Algunos chicos dijeron que habían oído hablar del funcionamiento de algo parecido en Suecia.
  • Los Solfamidas. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Este grupo lanzó una propuesta bastante diferente a las demás. Su proyecto no era otra cosa que crear un estudio audiovisual que produjera series o webseries capaces de fomentar la igualdad de género, sin caer en tópicos sexistas, comportamentales o estéticos. El propio concepto tendría un poderoso efecto llamada para actores y actrices importantes de la industria, y el ruido generado con estas intervenciones sería capaz de conseguir un efecto bola de nieve.
  • 1200cm. Este último ejemplo sirve para daros cuenta de que la sesión de brainstorming es muy pura. De hecho, aunque no es una idea global muy aterrizada, incluye un montón de mini ideas expandibles. Necesitaba mucho más tiempo para centrarse y desechar las propuestas malas, desde luego. Esto es lo que tenían cuando cerramos el plazo: querían crear un juego de estrategia multiplataforma gratuito para el móvil, financiado con micropagos de DLCs, skins, y todo tipo de contenido adicional. El 10% de los beneficios irían a financiar tratamientos de personas pobres con insomnio (¿!!?), además de que cada 8€ gastados en el juego irían destinados a la donación de libros a una biblioteca pública. Un gran WTF, pero también una interesante sopa primordial que descubre de lo que es capaz el sistema.

De los cuatro días que estuve en el IES Galileo, saco varias conclusiones y ése es, por fin, el motivo de este post. Quiero compartir con vosotros qué es lo que viene detrás. Esto es Goodbye, Mr. Burns, un nombre pensado para darle una bofetada a la generación de empresarios anterior a la mía,  para que dejen de contaminar, explotar a sus empleados y hacer el mal. Pensado para animar a que los nuevos empresarios se alejen de esas prácticas enfermas que lo consumen todo.

Pero no para la nueva generación. A ellos no les hace falta. De hecho, el término “empresa social”, tener que acuñarlo en sí, vuelve a ser esa herencia podrida de la que os hablaba. Porque los chavales de hoy en día ya vienen con ese concepto en las venas. Las empresas que van a nacer, van a ser sociales. Empujándolos a crear, a pensar por sí mismos, a idear e incluso a equivocarse, los chicos fueron capaces de pensar en clave de generación en un negocio social. Ellos solos.

Todos tenían unas preocupaciones sociales altísimas: drogas, pobreza, medio ambiente, acoso escolar, paro . . . No sé ni cuántos de estos problemas se pusieron sobre la mesa. Ya sean futuros consumidores o futuros empresarios, éste es el hecho: viejuno, vas a palmarla y la gente que viene detrás va a intentar deshacer todo el entuerto que has liado con tus vertidos y tus latigazos.

Esta nueva generación con su forma de pensar, es el anticuerpo que ha generado nuestra especie para curar la enfermedad que nosotros mismos hemos propagado en nuestra sociedad.

Si estamos a tiempo, hay esperanza.

Fijaos también en el hecho de que todo lo relativo a la educación tiene un giro de tuerca interesante.  Ellos, que están en medio del sistema educativo, resuelven no utilizar ninguno de los métodos por los cuales reciben la enseñanza. De hecho, eligen métodos diametralmente opuestos, basados en el juego y en cosas que interesan a la gente.

Menuda lección de humildad que dan a tantos y tantos teóricos, tertulianos y pensadores de lo que debería ser o no ser la educación, ¿no crees? No la plantean como si quieres aprender, sufre para conseguirlo. La plantean como mira cómo mola esto, y encima vas a aprender.

En fin. Esto es todo. Si quieres ver el resto de proyectos, están aquí.

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