vivir en abu dhabi 3

Entramos de lleno en el tercer capítulo de la serie, en el que vengo preparado para recibir palos si es menester, que diría nuestro enjuto hidalgo manchego. El post de hoy es, sin duda, el más subjetivo de cuantos he escrito, que ya lo son bastante, porque lo que voy a intentar no es otra cosa que reflejar la vida cotidiana de un occidental normal y corriente como yo, y cómo sus costumbres vitales y su modo de ver las cosas colisionan con el modo árabe.

Cuando viajas a un sitio con una cultura que tiene unas diferencias tan importantes en ciertos aspectos, te ocurre como en el juego ése que tienen los bebés. Ése en el que hay unas piezas geométricas que tienes que meter en una caja con huecos con la forma de cada pieza. El pentágono sólo puede entrar por su abertura, igual que el cuadrado, el triángulo o el círculo. En estos sitios, parece a veces que te dan un cuadrado y te dicen: venga machote, mételo por el hueco del triángulo.

La idea siempre es no forzar la pieza para meterla en la caja, sino hacer una nueva abertura para que entre bien.

Os voy a poner un ejemplo. Uno que mola. El perro de los Chocapic aquí es un koala amarillo. La imagen te llama la atención en el súper, pero cuando tiras un poco del hilo adivinas por qué: en Abu Dhabi los perros no son mascotas achuchables: son animales casi impuros y no poca gente declara, directamente, que les tiene miedo. De hecho, no puedes pasear al perro cerca de una mezquita, porque la cosa se pondría muy tensa con las autoridades.

Como habréis leído en el capítulo anterior, todo está pensado para moverte en coche, así que uno de los primeros trámites burocráticos que hice al llegar allí fue actualizar el carnet de conducir para poder circular por sus carreteras. Pondré éste como único ejemplo, a pesar de la cantidad de papeles que tuve que arreglar por allí, porque fue el primero y el que más me impactó. A lo largo de los días, fui normalizando la situación. Porque en Abu Dhabi todo está pensado para que la vida del usuario de cualquier servicio sea, en el sentido más amplio, eficaz y sencilla.

Y voy con el ejemplo: en la jefatura de tráfico, no tardé más de 10 minutos en actualizar el carnet. Y para que esa espera “tan larga” fuera un poco más llevadera, había personal que te servía un buen té.

Este concepto de eficiencia en el servicio se traslada a prácticamente todos los campos, no sólo burocráticos. Aquí, te meten la compra en una bolsa y te la llevan hasta el coche si hace falta. Aquí, los muebles de IKEA no tienes que montártelos tú: van a tu casa y te los montan ellos. En conclusión, siempre tienes la sensación de que la comodidad del usuario o cliente prima por encima de todo lo demás. Ya sé que ésa es la idea de toda empresa. Eso de que “el cliente siempre tiene la razón”. Aquí no sólo se cumple, sino que toda la sociedad destila esa sensación. Es como si vivieras en un hotel de 4 estrellas constantemente, para entendernos.

La diversión algo abocada al vicio que tenemos en occidente, se mira con distanciamiento. Mejor salir a tomar algo y volver discretamente en taxi que salir de fiesta a liarla parda y morir en la cancha. Como dije en el anterior capítulo, ir borracho por la calle está muy mal visto. Meter alguna liada como armar escándalo, meterse en una bronca o destrozar una papelera (cosas típicas de un viernes noche en cualquier ciudad occidental) es jugar a los dados con La Muerte.

Una opción interesante son los innumerables brunch que se organizan en los hoteles cada viernes. Empiezan sobre las 12 del mediodía y se pueden alargar hasta las 17:00. Desde 50€ puedes comer y beber todo lo que quieras (con un servicio, como digo, excelente), y además de socializar un poco suelen tener un buen DJ, si no actividades para tener a los niños entretenidos.

Está bastante asumido que este tipo de diversión es familiar. Ya os digo que, por lo menos entre los expat cuesta encontrar gente soltera. Así que lo de salir a ligar, mejor otro día. Las mujeres, como todos sabemos, son tristemente las más perjudicadas en un intercambio amoroso casual. No está permitido mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio; no se puede vestir, como dicen ellos “de manera explosiva”; si te quedas embarazada fuera del matrimonio, consecuencia directa del incumplimiento de las otras dos reglas, vas a la cárcel.

De cualquier manera, y aprovecho para meter aquí la cuña sobre la ropa, tanto hombres como mujeres tienen que ir vestidos de forma recatada. Con los occidentales tal vez abren un poco la mano, pero no ocultan su mirada de mira a este mono, vistiendo como un desgraciado. La vestimenta nacional para los hombres es la kandora, una túnica blanca larga y ligera que siempre ha de estar impecable, coronada por un hatta, una especie de pañuelo o turbante. Pocos emirati visten fuera de estos parámetros, aunque ver a uno vestido de otra forma, aunque sea un traje de Armani, no es sino vestir de un casual que roza la chabacanería. Como nuestros canis con chándal Nike caro.

Volviendo al tema de las relaciones, los novietes, tal y como los conocemos en occidente, digamos que no están a la orden del día. Casi mejor, porque aquí eso de vivir juntos, como que no. Un hombre y una mujer no pueden convivir si no están casados. Y más aún: eso de los arrumacos, de si un besito en público o incluso ir de la mano es un comportamiento lujurioso condenable.

Y a todo esto, ¿cómo se mueve la prostitución? Cualquier emirati te dirá que no existe. Pero si abres Tinder con la curiosidad de saber si los solteros de allí se buscan las lentejas en internet, descubres que se trata de uno de los entornos por los que se mueve este mundillo. Es la hipocresía de siempre, pero con ese puntito bestia que le da la gente del desierto: si algún emirati te descubre con una prostituta, es bastante probable que tanto tú como ella acabéis en la cárcel, aunque ella se llevará la peor condena. Suelen moverse entonces en entornos expat, porque otros expat no denunciarían esta práctica.

Pero si las mujeres están mal vistas, los homosexuales se llevan la palma. Con los expats hacen un poco la vista gorda, aunque no ocultan su disgusto. Hablar abiertamente de tu homosexualidad puede hacerte perder mucho prestigio entre los emirati, mientras que para un no-occidental puede suponer un castigo vitalicio, recogido incluso en el código penal.

Vamos a calmarnos, que esto es Goodbye, Mr. Burns y estoy metiéndome poco a poco en una espiral de temas escabrosos. Aquí, el gesto ése de unir todos los dedos con la palma hacia arriba, tan típico de los italianos, significa “cálmate”. Khalash, my friend.

Hablemos un poquito de sostenibilidad, que es de lo que se habla en este espacio internetero. Innovación social y sostenibilidad. Era eso, ¿recuerdas?

Se me ocurrió ponerme a reciclar aquí. Y cuando salgo a la calle con mis tres bolsas me encuentro que hay dos contenedores: uno general, y uno de “cosas para reciclar”. Una suerte de mezcla de contenedores amarillo y verde del que desconozco su eficiencia real (aunque investigaré). Aquí el vidrio no se recicla.

En materia de emisiones, se te va la cabeza. No ya sólo por lo que os expliqué en el post anterior sobre la cultura del automóvil, sino porque hay ciertas tendencias marca Emiratos Árabes que son el paradigma de la contaminación. Por ejemplo, por citar los más bizarros, traer fruta fresca diariamente en avión para que los más pudientes puedan hacerse un zumo rico en vitaminas, o consumir agua de un glaciar de Noruega porque mola más y tiene que ser más sana. Excentricidades contaminantes que rozan la locura.

Hay productos eco en el supermercado, pero pocos y relegados a una esquina marginal del lineal (mucho más que en España). Al final, no puedes esperar que un país al que no le ha hecho falta ser sostenible ni eficiente, lo sea. Que no le ha hecho falta, y matizo, económicamente. De hecho, la mayor parte de las iniciativas verdes son más propias de la visión extranjera, aunque con capital interno, claro.

Todavía os estaréis preguntando cómo he ido a parar a Abu Dhabi. Durante el tiempo de vida de Goodbye, Mr. Burns he despreciado las malas prácticas medioambientales y las injusticias sociales de nuestra sociedad, y me encuentro con que aquí son conductas propias de la cultura. En el próximo y último capítulo os daré mis impresiones finales, y ya os adelanto que igual no son las que esperáis.

Mientras tanto, khalash.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>