vivir en abu dhabi “Final Chapter”

Con el post de hoy voy a terminar la serie sobre el tiempo que he pasado viviendo en Abu Dhabi. Sé bien que se trata de una serie de artículos destinados a compartir con vosotros mis experiencias que poco o muy poco tienen que ver con el tono general de Goodbye, Mr. Burns, pero como dice el dicho: “el gato es mío y me lo trinco cuando quiero”. 

Lo que toca hoy es un tema peliagudo. Os avisaba en antiguos posts, de que a medida que iban pasando los días, a medida que iba descubriendo cómo era la vida en Abu Dhabi, se me iba cambiando el modo de ver las cosas. Porque cuando salí de España, lo hice con la convicción de que viajaba a un país basura, hecho confirmado por los comentarios de un montón de gente y algún que otro cuñado que habían vivido la experiencia. Voy donde los moros, al corazón del mal.

Afortunadamente no soy un islamófobo, y sé distinguir con claridad al musulmán normal del fundamentalista radical seguidor del Estado Islámico. Digo esto porque muchas veces somos incapaces de dibujar la línea que los separa con claridad. Y no sólo porque seamos unos completos ignorantes y metamos a todo el mundo en el mismo saco. Hay que admitir que cuando uno pone las noticias y escucha el salvajismo de los actos terroristas que salpican las ciudades europeas, las atrocidades que se cometen en Siria o en ciertas partes de África en nombre de Alá, resulta inevitable pensar: sono pazzi questi musulmani.

Pero como digo, afortunadamente, actúa mi capacidad cultural justo a tiempo para entender que árabes, hindúes, terroristas del ISIS, sirios, persas y musulmanes no son lo mismo porque lleven un turbante. Tú eso lo entiendes, ¿verdad?

Superada esta evidencia que había que dejar bien clara, sigamos avanzando. Porque el planteamiento inicial de “ellos son los malos, nosotros somos los buenos”, no abarca sólo al tema terrorismo. Es un gap más profundo, que abarca a la cultura, al estilo de vida, a los hábitos de consumo, a lo que hacen mal y lo que hacen bien como sociedad. Como altas entidades morales de occidente, declaramos sin tapujos lo que está mal y lo que está bien. Pero, ¿cuán profundos son esos pecados que condenamos, y que nos convierten en mejores a nosotros?

Las mujeres y el velo, por ejemplo, es un tipo de polémica sobre el que se han escrito ríos de tinta y se han encendido la llama de ardientes e interminables debates. Hay tantos matices y tantos argumentos entre sus detractores, tal vez para poder encontrar alguno que se adapte a una forma de pensar que lo convierta en verdadero, que nadie parece detenerse a pensar que se trata de una expresión cultural. ¿Tan insoportable te resulta ver a una mujer con un hiyab? ¿Te daña eso, de alguna forma? ¿Crees que no es más que una manifestación de la represión machista musulmana? Puede que así sea, pero dime ¿eres tú, ése que se mete en páginas porno una vez al día o esa que cumple los ritos de la moda que nos cuentan las revistas femeninas a diario, el que va a juzgarlo?

Nosotros, que pagamos menos sueldo a las mujeres, que las evitamos como directivas e incluso como empleadas, que nos quejamos de lo mal que conducen, que las despedimos cuando se quedan embarazadas, que diseñamos anuncios de productos de limpieza para ellas, que evitamos hacer las tareas del hogar. . . ¿en serio vamos nosotros a cuestionar el machismo musulmán por inculcar el hiyab, admitiendo esto como cierto?

Una de las cosas que más me chocaron en Abu Dhabi es el trato que se da a los trabajadores de baja escala. Son prácticamente esclavos. Viven en sus barracones, trabajan incontables horas y tratan de no quejarse para no acabar fuera del país. A todas luces, es un pequeño drama social. Y sin embargo,  en las ciudades occidentales, en mi ciudad, veo a familias en precariedad energética muriéndose de frío, o buscando comida en la basura para tener algo que llevarse a la boca. Veo cómo tratan a los inmigrantes, dejando que se congelen en las fronteras de la UE durante el invierno, o metiéndolos en campos de concentración a la espera de ser deportados o entregados a un país que quiera acogerlos. Los veo morir en el fondo del Océano.

Vi en Abu Dhabi una conciencia común que declaraba al inmigrante como una herramienta para sacar adelante un trabajo. Les ofrecen esas condiciones, y si las aceptan, perfecto. No van de adalides de la paz y la libertad. Y esa falta de hipocresía, para mí, le da más valor a su concepto que al nuestro.

La tolerancia es otro punto fuerte. A veces no sé si puede aplicarse esta palabra haciendo un buen uso de ella. Porque, en cierto modo, pienso que lo contrario de una persona intolerante no es una persona tolerante, sino una persona normal. Ellos no comparten nuestra visión de la vida, eso es un hecho. Pero mientras no incumplas la ley y te pases de sus estándares en exceso, todo irá bien. ¿A qué me refiero con esto? He visto en España gente despreciar a otro por tener un aspecto diferente, un idioma diferente e incluso un acento diferente. Los he visto despreciar por una forma de vestir, de pensar, de ser, de actuar; por llevar el tatuaje de una mujer, o porque una mujer lleve un tatuaje. ¿Ocurre eso allí? No.

La seguridad es un tema que todavía me tiene reflexionando. La impresión de seguridad es muy fuerte. Tienes claro que nadie te va a robar. Su sistema penal es muy duro, y me pregunto hasta qué punto esto ahuyenta el delito. Ahí tienes EEUU o China, con sus penas de muerte que no sirven como elemento disuasor. Y ahí tienes el concepto de Europa del Norte, con su enfoque reintegrador con los encarcelados que mola la vida. Pero parece que aquí, en Abu Dhabi, el sistema fuerte funciona.

No sé hasta qué punto exportarlo sería una buena idea. Pero de lo que sí estoy seguro es de que en España se permiten muchos delitos que rozan la locura: que se roban millones y se castiga con la pérdida del nombre de una calle, y que se insulta a un muerto en las redes sociales y se va directo a la cárcel. Mezclo un poco churros con merinas, lo sé, pero el concepto no varía: la franqueza de esta gente, siendo dura o no, resulta admirable. Lo que aún no soy capaz de determinar, es si resulta efectiva.

Lo mismo ocurre con el tema medioambiental. Se ríen en tu cara. ¿Cuidar el medio ambiente? What??? Qué mala gente, ¿verdad? Somos mejores nosotros, con nuestras centrales termoeléctricas alimentadas por carbón y petróleo, nuestros Algarrobicos, nuestros ríos contaminados de vertidos tóxicos, nuestros acuíferos petados de pesticidas, nuestros vertederos ilegales, nuestra isla de plástico flotando por el Atlántico, nuestra deficiente red de aguas, nuestro impuesto al sol . . .

Concluyo ya. Mucho ojo con decir quién es el malo aquí. Porque no lo hay. O tal vez, lo que no haya sea un bueno. Nuestra sociedad hace aguas y tenemos cotas de pobreza alarmantes. Si no te lo crees, es que ves demasiados anuncios desde tu sofá, o que ya has aceptado que los altos niveles de paro o la corrupción son, simplemente, cosas que pasan.

La vida en Abu Dhabi tal vez no sea mejor que la de muchos países occidentales supuestamente desarrollados. Puede haber debate ahí. Pero de lo que estoy seguro es de que nadie que haya vivido allí, puede decir que su sociedad, su cultura, está podrida.

Y esto ocurre porque, a diferencia de la nuestra, no está basada en la mentira.

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